Santa Cruz


UNA CORTINA de celajes abre paso a un pueblo espectacular. Escondido y desconocido aún. Gente que lleva encima el estigma de una guerra que dejó más honda la zanja de la desigualdad y cimentó la separación entre los grupos étnicos que impide reconocer los problemas estructurales que hace miseria de la pobreza. Ahí­, en el corazón del Quiché, habita en medio de la solemnidad de las montañas un pueblo colorido, entusiasta y de sonrisa permanente. Santa Cruz del Quiché, que por estos dí­as se viste de fiesta, busca atraer visitantes y constituirse como un destino único.

Eswin Quiñónez
eswinq@lahora.com.gt

ARTESANOS de toda la vida. En la comunidad de Panaxit, por ejemplo, casi toda su población sobrevive gracias a la elaboración de tejidos. Hombres de miradas cansadas sostienen telares y le dan vida a hilos que sus mujeres trabajan. De esa manera, es todo un pueblo que trabaja sin prisa entre colores del traje de los k»iche»es, con heredadas técnicas manuales que permiten apreciar la obra bien ejecutada. Decenas de manos dejando su huella irremplazable en cada trazo que, luego de varias horas, dí­as o meses, terminan para encontrar un fiel poseedor de su obra, que a cambio de Q400 o el valor que le pongan, lucirán para, entre otras cosas, mantener viva la vestimenta de sus antepasados.

ESA INSPIRACIí“N con la que trabajan. Cada pincelada formada con los hilos ha sido reivindicada recientemente por las autoridades locales (la Municipalidad, para ser exactos) que para otorgarle el respeto que merecen los textileros tradicionales decidieron nombrar a Panaxit como «El Museo Viviente del Textil». Y es que es parte de los atractivos únicos que Santa Cruz del Quiché tiene y que aún permanece inexplotado para generar algún desarrollo turí­stico que produzca un sostenimiento y reconocimiento de la diversidad cultural que tiene este municipio de 80 mil habitantes.

SI BIEN ES CIERTO que la cabecera departamental del Quiché es opacada por Chichicastenango, existen planes para generar lazos de interés. Su principal herramienta para convencer a los turistas está en su arrolladora belleza, sus celajes pintados en las montañas que forman excelentes escenarios. Por iniciativa propia se está elaborando un mapa local, con indicaciones próximas y lo que deben visitar: Gumarkaaj, Pachitac, Chocoyá y la laguna de Lemoa, a la que por cierto su descuido ha provocado alerta de convertirse en un pantano si no se atiende de inmediato.

HAY CONDICIONES para que el potencial turí­stico con orientación a la naturaleza de Santa Cruz sea utilizado en beneficio del pueblo. Superar las desigualdades son retos que los trabajos compartidos harán una cuña al progreso que requieren sitios abandonados por el mí­nimo desarrollo que tiene el paí­s. Iniciativas locales se observan, como esa intentona de convivir entre «ladinos» e «indí­genas», que generan sí­ntomas que al luchar contra la exclusión generan buenas expectativas que deben ser imitables.