Pocos conocen la vida reclinada en Dios de San Francisco de Sales, el sacerdote que con sus poderosas armas de la fe y el amor fue capaz de combatir a todo un ejército calvinista que con engaños, astucia y presiones peligrosas se había apoderado de la fe católica en el poblado de Chablais, costa sur del lago de Ginebra, Francia y el sufrimiento del santo por los constantes ataques de grupos protestantes que ya habían dominado la ciudad, al extremo que de una numerosa población católica, sólo quedaban apenas unos 20 fieles, lo que preocupaba profundamente a las autoridades eclesiásticas de Saboya, territorio bajo la jurisdicción del obispo Claudio Granier, quien a solicitud del duque de Saboya envió en misión especial a Thonon capital de Chablais a evangelizar de nuevo la región por la deplorable situación del quebrantamiento de su fe. Este difícil misterio recayó en San Francisco de Sales recién nombrado deán (cabeza de cabildo en las catedrales) por el fallecimiento del titular. El obispo Granier presentó el asunto a la consideración de su capítulo celebrando un cabildo, sin ocultar los riesgos, dificultades y peligros que dicha misión conllevaba, más bien resaltando la ardua y delicada lucha de vida y muerte que la misión costaría a la grey católica. De todos los presentes en el cabildo, el deán de Sales, fue el que mejor comprendió la gravedad del problema y se ofreció, puesto su corazón y su entera fe en Dios, a desempeñar ese duro y peligroso trabajo de cumplir con regresar el gran rebaño de ovejas a las posesiones de la fe y confiando en su fortaleza religiosa expresó: «Señor si creéis que yo pueda ser útil en esa importante misión dadme la orden de ir que estoy presto a obedecer y me consideraré dichoso de haber sido elegido para salvar estar batalla». El Obispo aceptó al punto, con gran alegría para San Francisco, quien inició la lucha de reconciliación del área de Chablais el 14 de septiembre de 1594, Día de la Santa Cruz. El triunfo de la misión no fue fácil, fueron muchos años invertidos en sacrificios, penurias y tormentosas contiendas de vida o muerte las que venció San Francisco de Sales para lograr el éxito total de su misión apostólica, él y sus misioneros predicaban todos los días en Thonon y poco a poco revestidos de paciencia y esperanza fueron extendiendo su palabra mística y su fuerza religiosa a las regiones circunvecinas. El camino al Castillo de Alliges que estaban obligados a recorrer, ofrecía muchas dificultades, particularmente en invierno y los misioneros tuvieron que soportar ataques de animales salvajes. El mismo Francisco fue atacado por lobos y salvado por campesinos calvinistas, que luego los convirtió al catolicismo. Asimismo un grupo de asesinos lo emboscó en dos ocasiones, pero el cielo preservó su vida. Francisco vio coronados sus anhelos, había ganado la lucha católica contra los sembradores del calvinismo. ¿Pero, cómo se ganó Francisco el galardón de ser nombrado Patrono de los periodistas? ¿Qué hazaña valiente justificó ese titulo prestigioso de protector de la Prensa? A la muerte del obispo Claudio de Granier ocurrida en el otoño de 1602, Francisco le sucedió en el gobierno de la diócesis, fijó su residencia en Annecy y se consagró a sus deberes pastorales con enorme generosidad y devoción, fue fundador de la Congregación de la Visitación en 1610 y autor de varias obras, notas y cartas que lo convirtieron en un escritor exitoso de la ascética traducido a varios idiomas. Más tarde fue nombrado consultor de Ginebra confirmado por el Papa Clemente VIII. En 1877 fue declarado doctor de la iglesia y el Papa Pío XI le nombró Patrono de los periodistas por su entereza en su ruda lucha. La fiesta del santo se celebra el 29 de enero, día de la traslación de sus restos al convento de la visitación de Annecy. Luego le tocó la misión de emprender la lucha en contra del ejército de los calvinistas, demostrando en su lucha una misión heroica y fervorosa que lo llevó a la conquista de la victoria católica. Bibliografía: Biblioteca de Nuestra Señora de Fátima, al cuidado de la señora diplomada en teología María Antonieta Dieseldorff.