La legendaria Mangueira y la renovadora Viradouro se robaron las ovaciones en la primera noche de desfiles de las escuelas de samba del Carnaval de Río de Janeiro.
El grito «es campeona» sonó fuerte y claro al paso de Mangueira y Viradouro, dos de las seis escuelas que bailaron ante 70 mil personas en el Sambódromo, una pasarela de 700 metros construida por el arquitecto Oscar Niemeyer.
Mangueira le cantó a la lengua portuguesa y Viradouro a todas las formas de juego y fueron las favoritos del público en las encuestas realizadas tras el desfile.
La maratón de samba, sensualidad y color fue clausurada por Vila Isabel, ganadora del año pasado, con un desfile generoso en luces y efectos especiales para representar las mutaciones de la naturaleza, el hombre y el Carnaval.
Pero no todo fue alegría para las decenas de miles de sambistas que bailaron en la cálida noche carioca. En pleno desfile de la escuela Imperio Serrano, agentes policiales se dirigieron discretamente hacia uno de sus 4 mil componentes, lo esposaron y se lo llevaron preso acusado de un homicidio cometido hace seis años, según fuentes policiales.
Los desfiles en la Marques de Sapucai, la avenida en la que se construyó el Sambódromo, fueron abiertos por Estacio de Sá cuyos 4 mil 200 componentes y ocho carros alegóricos dedicaron su samba al chicozapote, un árbol de origen mexicano cuya savia dio origen a la goma de mascar.
Estacio representó a diversas civilizaciones, desde la maya a la china, y entre los carros alegóricos se destacó uno que reprodujo a los guerreros de terracota chinos y otro que portaba una réplica de la estatua de la Libertad de Nueva York, ornada con 800.000 pastillas de goma de mascar.
Estacio no ignoró la cara trágica de Río. Al iniciar su desfile, la escuela pidió un minuto de silencio por Joao, un niño de 6 años muerto hace 10 días arrastrado unos 7 kilómetros por las calles de la ciudad colgado del auto que le habían robado a su madre.
El Sambódromo desbordó de entusiasmo al paso de Mangueira, una de las escuelas más queridas y tradicionales de Rio de Janeiro. La «verde y rosado», como es conocida por los colores de su bandera, exaltó a la lengua portuguesa con alegorías teatralizadas como el Coliseo romano, una iglesia y un carro con más de 50 sambistas disfrazados de antílopes.
Si Mangueira regaló alegría, Unidos de Viradouro que desfiló inmediatamente después, regaló osadía. «Viradouro da vuelta el juego» fue el tema de su samba y el desfile dejó boquiabierto no solo al público sino a los puristas del samba. Los 500 miembros de la batería de percusión, corazón de toda escuela, desfilaron en un carro, algo jamás visto en los desfiles.
Sin perder el ritmo, la batería en pleno subió a un carro de 38 metros que representaba un tablero de ajedrez y marchó por buena parte del Sambódromo recibiendo ovaciones. Sincronizadamente todos los percusionistas descendieron poco antes de la Plaza de la Apoteosis, punto final del desfile.
Su desfile fue cerrado con alegorías sobre los deportes, desde el fútbol a la natación pasando por el esgrima, el voleibol y el básquetbol. Los sambistas lanzaron cientos de balones a las tribunas que no cesaban de cantar y aplaudir.
Otras siete escuelas desfilarán la noche del lunes, en lo que será la última noche de fantasía en el Sambódromo.
Las trece son evaluadas por un jurado que toma en cuenta diez ítems y muchas veces el resultado no coincide con el del público. La ganadora se conocerá la tarde del miércoles.