El 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, es por ello que considero de suma importancia abordar el tema de salud mental en las mujeres.
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Cuando se realiza una perspectiva tradicional acerca del tema de la salud general de la mujer; usualmente se alude a la salud reproductiva, de esta manera se reducen los problemas femeninos y se ligan de manera exclusiva al aparato reproductor.
En función a las dificultades para conceptualizar el fenómeno de salud/enfermedad se ha tratado de emplear un término, «el malestar», que incluye elementos tanto subjetivos como objetivos, internos/externos a la vez. En el Seminario Internacional sobre Malestar Psíquico de las Mujeres (1988, Italia), se definió a la enfermedad como la «pérdida de la conciencia de vivir en condiciones perturbadoras, siendo sujeto de un padecimiento individual, atribuido a disfunciones biológicas», mientras que el sufrimiento femenino fue entendido como «una situación de subordinación social propia de las mujeres».
Mabel Burín, psicóloga argentina, plantea que este sufrimiento femenino expresa el «malestar de las mujeres», entendiendo a éste como «una sensación subjetiva de padecimiento psíquico que no se encuadra dentro de los clásicos criterios de salud o enfermedad. La salud mental de las mujeres se caracteriza, más bien, en términos de conflicto, Y este, «es siempre debido a situaciones contradictorias e incompatibles entre sí.
Datos obtenidos en un estudio realizado por el Banco Mundial revelan que, en los países en desarrollo, aproximadamente el 30% de los casos de discapacidad por trastornos neuropsiquiátricos en las mujeres se debe a la depresión, mientras que en el caso de los hombres la proporción es de 12.6%. Existe una mayor prevalencia de depresión y ansiedad en las mujeres, y estas, corren mayores riesgos de padecer: obsesiones/compulsiones, somatizaciones, crisis de pánico, trastornos alimenticios, estrés postraumático.
Existen factores de riesgo para la salud mental de las mujeres:
El matrimonio (que, por el contrario, sería un factor de protección de la salud de los hombres); el trabajo de ama de casa, con su cotidianidad implícita (en cambio, trabajar fuera del hogar sería un factor de protección, sobre todo si se hace voluntariamente); las múltiples jornadas de trabajo y la invisibilidad del mismo; tener tres o más niños pequeños; la falta de soporte o ayuda de amigos o familiares; la falta de comunicación íntima y confidencial con la pareja; participar de una situación permanente de conflicto, así como ser sobrevivientes de violencia de género; recibir mensajes contradictorios acerca de lo que se espera de ella; una socialización de género que la moldea en la pasividad, sumisión, abnegación, tolerancia, desvalorización de sí misma, dependencia. Complacencia, atención y cuidado de otros pero no de sí misma, obstaculización del desarrollo propio, de la toma de contacto con sus propias necesidades, deseos, malestares; pertenecer a un género subvaluado culturalmente y por ende tener vedadas experiencias de aprendizaje, de experimentación, de desarrollo y de valorización; el condicionamiento que le impide cuestionar algunos deberes del ser mujeres y no poder imaginar siquiera otras posibilidades válidas. Todos estos entre muchos más.
A manera de conclusión, dentro del componente de salud mental de las mujeres, es necesaria la inclusión de la perspectiva de género. Y esto en la práctica significa lo siguiente:
* Revisar los criterios y categorías diagnósticas tradicionales.
* Entender los síntomas de la consultante como expresión de un malestar dentro de un contexto social, cultural, histórico, familiar y de género.
* Percibir y conocer los efectos psicológicos de la socialización diferente para hombres y mujeres, las diferencias y jerarquías en el mundo social.
* Comprender la relación entre experiencia de vida y condicionamiento de género.