El presidente francés Nicolas Sarkozy prometió ayer «poner en acción» las propuestas hechas por la cumbre de dos días sobre la ecología, que dijo «hará suyas» en nombre de una imprescindible «revolución verde» que desea lanzar.
En un discurso pronunciado en el palacio presidencial del Elíseo, al clausurar un debate nacional sobre la ecología que culminó en una cumbre de dos días, el miércoles y el jueves, Sarkozy afirmó que iba a iniciar «una revolución total en el método de gestión de gobierno», para poner el tema ecológico en el centro del debate político.
«Vuestras proposiciones las hago mías, las llevaré y las pondré en acción» declaró a los participantes en la cumbre reunidos en el Elíseo junto a todos los ministros, los premios Nobel Al Gore y la keniana Wangari Maathai, y el presidente de la Comisión Europea José Manuel Barroso.
Sarkozy jugó su papel de árbitro y se pronunció sobre un «impuesto carbono» y la utilización de pesticidas en la agricultura, temas sobre los cuales los participantes en la cumbre no había conseguido ponerse de acuerdo.
El llamado «impuesto carbono», que los ecologista consideraban como el patrón del éxito o el fracaso de la cumbre, apunta a «poner un precio» a la contaminación de la atmósfera, aplicando impuestos a los productos en función de su emisión en dióxido de carbono (CO2), principal gas con efecto de invernadero.
Sarkozy se comprometió a estudiar «la creación de un impuesto ’clima-energía’ (impuesto carbono) en contrapartido de una disminución de la imposición al trabajo», en el marco de un restructuración general del sistema impositivo en Francia, prevista para el segundo trimestre de 2008.
Luego, dirigiéndose al ministro de Agricultura, Michel Barnier, Sarkozy le «pidió» proponga antes de un año un plan para reducir en un 50% el uso de pesticidas cuya peligrosidad es reconocida, si es posible en los próximos diez años.
Para alcanzar este objetivo, el jefe del Estado prometió «acelerar la elaboración de sustancias de substitución», considerando «urgente el reforzar la investigación pública».
El jefe del Estado también defendió el «principio de precaución», explicando que «debe ser interpretado como un principio de responsabilidad», en particular para los que provocan contaminación.
Asimismo, el jefe del Estado confirmó lo anunciado este mismo día por el ministro de la Ecología, Jean-Louis Borloo, en el sentido de suspender el cultivo comercial de los organismos modificado genéticamente (OGM).
Esta moratoria se prolongará «esperando las conclusiones de una investigación que efectuará una nueva instancia que se creará para este efecto» de aquí a fines del presente año.
Dirigiéndose a presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, Sarkozy llamó a «estudiar» en un plazo de seis meeses en el marco europeo la posibilidad de aplicar impuestos a los productos importados de paises que no respetan el protocolo de Kioto.
La cumbre este jueves había propuesto la creación de un sistema de bonificación para los automóviles «limpios» y poco consumidores de combustible, financiado con un impuesto a los vehículos de gran cilindrada y todo-terreno, contaminantes y de gran consumo.
El jefe del Estado se pronunció en favor de este principio, pero consideró que el producto del impuesto debe destinarse a financiar el desecho de vehículos antiguos y contaminantes para ayudar a la compra de un vehículo «limpio».
Al culminar esta cumbre, el principal partido ecologista francés, los Verdes, manifestó su decepción por los resultados anunciados, viendo sólo bellas palabras vacías.
De su lado, los responsables de las organizaciones empresariales (MEDEF y CGPME) se declararon más bien satisfechos, felicitándose de que «no haya aumento de los impuestos».
Las dos principales centrales sindicales – la CGT y la CFDT- se declararon satisfechas de las «ambiciones» expresadas durante la cumbre, pero escépticas de los resultados después del discurso de Sarkozy.
El portavoz de la Alianza por el Planeta, que integra 80 asociaciones ecologistas, entre las cuales Greepeace y WWF, destacó «avances» en el discurso del jefe del Estado, pero también «imprecisiones».