Rusia ha vuelto… pero desde la Guerra Frí­a el mundo ha cambiado


Una mujer georgiana llora en la entrada de un edificio destruido, donde tuvo lugar un combate. Las fuerzas rusas se retiraron de Georgia, pero Moscú no cede en sus posiciones.

La crisis georgiana marcó el regreso de Rusia a su antigua parcela, al precio de un desafí­o a la superpotencia estadounidense, pero desde el derrumbe de la URSS el mundo ha cambiado y un enfrentamiento este-oeste ya no es de actualidad, afirmaron analistas.


Al enviar sus tanques a otro paí­s, por primera vez desde la intervención de la entonces Unión Soviética en Afganistán en 1979, Moscú llevó a la práctica la seguridad que le confiere su posición de potencia petrolera y una década de «consolidación» bajo la tutela del ex coronel del KGB Vladimir Putin, primero como presidente y actualmente como primer ministro ruso.

Los analistas interpretaron esa actitud como una ruptura radical con el ambiente reinante en las últimas decádas.

«Es el giro geopolí­tico más importante desde el estallido de la Unión Soviética en 1991. Una nueva etapa en las relaciones internacionales y el fin de todas las ilusiones sobre la evolución pací­fica de las relaciones este-oeste», estimó Evgueni Volk, un experto en cuestiones rusas de la fundación estadounidense Heritage.

Estados Unidos, que habí­a avanzado sus piezas frente a su ex adversario dando apoyo al presidente georgiano Miajil Saakashvili -con el enví­o de instructores militares y una invitación a que Georgia se sumara a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)- reaccionó secamente.

«Ya no estamos en 1968», cuando los tanques soviéticos aplastaron la «Primavera de Praga», recordó la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, mientras el presidente George W. Bush invocaba el recuerdo de la Guerra Frí­a y pedí­a al «mundo libre» que reaccionara ante Moscú.

«La Guerra Frí­a está terminada», dijo Rice sin embargo, poco después, refiriéndose a la confrontación entre el bloque comunista encabezado por la URSS y Occidente, que duró varias décadas tras la Segunda Guerra Mundial.

«Es un perí­odo difí­cil pero pienso que no debemos exagerar el alcance de las dificultades», añadió Rice.

Pero en los hechos, la crisis georgiana contribuyó a reforzar un «cordón sanitario» en Europa del este, desde Lituania, Estonia y Letonia hasta Ucrania (cuatro paí­ses desprendidos de la URSS) pasando por Polonia (que perteneció a la esfera de influencia soviética).

Polonia se apuró por lo demás a firmar esta semana un acuerdo por el que autoriza a instalar en su territorio elementos del escudo antimisiles desplegado por Estados Unidos en Europa.

Rusia, que se oponí­a a ese acuerdo, afirmó ayer, a través de su presidente Dimitri Medvedev, que el escudo antimisiles tiene «por blanco, la Federación Rusa».

Estamos lejos de una nueva «Guerra Frí­a», afirmó el editorialista ruso Alexander Kabakov, que en 1988 previno sobre el derrumbe de la IRSS en una novela de polí­tica-ficción.

«El mundo ha cambiado. Occidente no está unido contra Moscú -afortunadamente la vieja Europa no sigue a los norteamericanos por el camino del enfrentamiento- y sobre todo falta el motor de la Guerra Frí­a: la ideologí­a», explicó Kabakov.

Desde el derrumbe de la URSS, surgieron nuevas potencias -China e India- y los peligros son múltiples: proliferación nuclear y terrorismo, entre otros, y ello hace que «Estados Unidos necesite más de la cooperación que la confrontación con Rusia», agregó.

El canciller ruso, Serguei Lavrov, dijo esta semana que Estados Unidos deberá elegir entre apoyar a su protegido georgiano o una «colaboración real» con Rusia, y afirmó que la instalación del escudo antimisiles «empuja a la carrera armamentista en el continente y más allá».

Está «claro» que ese sistema deberá «ampliarse y modernizarse» y Rusia «se verá obligada a reaccionar, y no solamente por ví­a diplomática», advirtió Moscú, que denunció «los intentos de Estados Unidos de cambiar a su favor el equilibrio estratégico».

«Desde la invasión de Irak, el reconocimiento de un Kosovo independiente, los Estados Unidos de Bush no tiene ninguna excusa moral frente a Rusia, que ya dejó de ser «el imperio del mal»», afirmó Kabakov, para quien la tensión caerá «inmediatamente después de la elección presidencial estadounidense» de noviembre próximo.

ATRINCHERADOS


Rusia anunció hoy que sus tropas permanecerán en un puerto clave de Georgia en el mar Negro, un nuevo gesto que confirma que tiene la intención de controlar las principales rutas de la república vecina, a pesar de las protestas occidentales.

Las tropas rusas de mantenimiento de paz seguirán controlando la ciudad portuaria georgiana de Poti, en el mar Negro, y realizando patrullas, anunció hoy el jefe del Estado Mayor adjunto del ejército ruso, el general Anatoli Nogovitsin.

«De conformidad con el acuerdo de seis puntos (negociado por Francia) las fuerzas de mantenimiento de paz rusas controlarán la situación en la ciudad de Poti y en otros puntos bajo la forma de patrullas», dijo, citado por la agencia Interfax.

Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos exigieron que el repliegue militar ruso sea total, como dice el plan de alto el fuego, tras advertir que consideran insuficientes en número los centenares de soldados, los tanques y la artillerí­a que ya abandonaron la república caucásica.

Los rusos siguen manteniendo posiciones avanzadas en el oeste del paí­s, en las afueras de Poti y en Teklati.

Georgia pudo recuperar el control de Gori, una importante ciudad justo en la frontera con la región separatista de Osetia del Sur, ayer a última hora.

La policí­a georgiana pudo entrar en Gori poco después de que las tropas rusas abandonaran la localidad en una larga columna de vehí­culos blindados, una parte de la cual se dirigió a Osetia del Sur y otra a Abjasia.

Sin embargo, dos vehí­culos blindados rusos continuaban apostados en un retén en la aldea de Karaleti, en las afueras de Gori, rumbo al norte.

Los soldados, uniformados con la insignia de tropas de paz, no permití­an el paso de tráfico hacia Osetia del Sur sin una acreditación militar rusa.

El ministro de Defensa ruso Anatoli Serdyukov, declaró que su paí­s habí­a «cumplido con sus obligaciones» de acuerdo al plan de paz.

Moscú se reserva ahora el control pleno de Osetia del Sur y de Abjasia y asegura que tiene el derecho a establecer un «área de responsabilidad» en un perí­metro no especificado.

Ello incluye fortificaciones cerca de Poti, Senaki y en torno a Osetia del Sur.

Moscú también clama el derecho a patrullar en un área no delimitada junto a la principal arteria vial del paí­s, que corre de este a oeste, entre la capital Tiflis y Poti.

«No es verdad que la retirada sea completa», afirmó el portavoz del ministerio del Interior, Chota Utiashvili.

Los presidentes de Estados Unidos, George W. Bush, y Francia, Nicolas Sarkozy, coincidieron en una conversación telefónica ayer en que Rusia «no está cumpliendo» con el acuerdo de alto el fuego en Georgia, informó el portavoz de la Casa Blanca, Gordon Johndroe.

El ministro británico de Relaciones Exteriores, David Miliband, también declaró estar «profundamente preocupado» y urgió a Rusia que respete «total y rápidamente» sus obligaciones.

El general ruso Nogovitsin replicó por su parte que la alianza militar occidental, la OTAN, quiere aumentar su presencia naval en el mar Negro «con la excusa de entregar ayuda humanitaria», tras señalar la presencia de fragatas españolas, alemanas y polacas en esa zona.

La OTAN aseguró que eran maniobras planeadas desde hace tiempo.

El conflicto con Georgia estalló el 8 de agosto, cuando los rusos entraron masivamente en Osetia del Sur para rechazar un ataque georgiano.