Rusia enví­a por primera vez un petrolero a China


Rusia dio a conocer sus ambiciones en la región del Polo Norte al enviar por primera vez un petrolero a China a través del Océano írtico, una estratégica ruta comercial hacia Asia que podrí­a volverse viable gracias al calentamiento climático.


El barco «Baltika», precedido por los rompehielos a propulsión nuclear «Taimyr» y «Rossia», partieron del puerto de Murmansk (noroeste) a mediados de agosto en este viaje experimental tendiente a determinar la rentabilidad de esta ví­a marí­tima.

«El objetivo del viaje es determinar la factibilidad del transporte de hidrocarburos de manera regular, segura y económicamente viable a través de la ví­a marí­tima del norte hacia los mercados del sudeste asiático», indicó en su portal internet la compañí­a propietaria del «Baltika», Sovkomflot.

La empresa indicó que esta ruta hacia Asia es más difí­cil que el tradicional pasaje por el Canal de Suez a raí­z del banco de hielo y sus aguas pocas profundas. En cambio, la ví­a marí­tima norte es mucho más corta: 13.000 km contra 22.200 km.

Impracticable durante siglos, el desarrollo de una ruta ártica se ve facilitado ahora por el derretimiento de los hielos polares a raí­z del recalentamiento climático.

Los bancos de hielo podrí­an desaparecer por completo durante el verano hacia 2050, algo que revolucionarí­a el transporte marí­timo internacional.

Rusia ha hecho del desarrollo del írtico una prioridad estratégica, ya que quiere apropiarse de los inmensos recursos naturales que se supone tiene la región y abrir una nueva ruta comercial que controlarí­a.

El írtico tendrí­a el 13% de las reservas de petróleo y el 30% de las reservas de gas no descubiertas del planeta.

«Nuestro gobierno entiende perfectamente las perspectivas de la ví­a marí­tima del norte como corredor de tránsito y se fijó su desarrollo como objetivo», indicó el vicedirector de Sovkomflot, Igor Pankov.

La presidencia rusa adoptó desde 2008 una estrategia para convertir a Rusia en la «principal potencial del írtico» en 2020.

Este documento prevé «la utilización efectiva de las ví­as aérea y marí­tima de tránsito transpolar para la navegación internacional», con la adopción de una reglamentación «aduanera y fiscal».

Es que si esta ví­a marí­tima permitirí­a a Rusia alcanzar con mayor rapidez los mercados asiáticos en plena expansión y muy demandantes de hidrocarburos, también harí­a de las aguas territoriales rusas una gran fuente de ingresos fiscales.

Rusia ya impone una tasa a las compañí­as aéreas extranjeras cuyos aviones sobrevuelan Siberia en la ruta Europa-Asia.

Entre 2011 y 2015, es necesario garantizar «las ventajas competitivas de Rusia en términos de producción y transporte de recursos naturales», explica la estrategia ártica de Moscú.

Rusia ya reclama una extensión de su zona económica, afirmando que la denominada Dorsal de Lomonosov, una cadena de montañas submarina, es una extensión de su plataforma continental.

La carrera por el írtico incluye también a los otros paí­ses con territorios o fronteras en la región: Estados Unidos, Canadá, Dinamarca (a través de Groenlandia) y Noruega.

Para dejar testimonio de sus reivindicaciones, Rusia plantó su bandera a unos 4.000 metros de profundidad bajo el Polo Norte durante el verano de 2007.