La presidenta Dilma Rousseff reafirmó su compromiso de luchar contra la corrupción en el gobierno brasileño, al llegar al final de su primer año de mandato con seis ministros destituidos por irregularidades.
En un desayuno de fin de año con periodistas, Rousseff aseguró que cualquier ministro que aparezca envuelto en un caso de supuesta corrupción será separado de su cargo.
Con una marca histórica de seis ministros separados en un año por denuncias de corrupción o de tolerancia con actos ilícitos, la ética se convirtió en la marca del gobierno de Rousseff, quien llegó al poder el 1 de enero con el cometido de hacer de la guerra contra la pobreza el foco de su gestión.
Rousseff aseguró que «vamos a hacer un gobierno que no tiene ningún compromiso con irregularidades y corrupción. Es tolerancia cero», según la citó el servicio noticioso estatal Agencia Brasil. La prensa extranjera no fue invitada al encuentro con los periodistas.
La rapidez con la que fueron destituidos los ministros envueltos en escándalos generó en la prensa el calificativo de «limpieza ética».
Sin embargo, el asesor internacional de Rousseff, Marco Aurelio Garcia, dijo esta semana a corresponsales extranjeros que esa etiqueta no fue creada por el gobierno sino por la prensa, aunque admitió que ha sido bien recibida por la opinión pública.
Rousseff obtuvo una aprobación de 72% de la población en una encuesta de la empresa Ibope para la Confederación Nacional de la Industria (CNI), divulgada el viernes. Se trata del nivel más alto registrado por una consulta de CNI/Ibope para el primer año de gobierno de un presidente brasileño, superando incluso al popular ex gobernante Luiz Inácio Lula da Silva, el principal aliado de Rousseff. La consulta se hizo entre 2.002 personas del 2 al 5 de diciembre y tiene un margen de error de dos puntos porcentuales.
«Ese proceso que hubo con algunos ministros correspondió a una posición del gobierno de que, frente a denuncias de irregularidades, se pide la sustitución del funcionario», explicó Garcia.
En el mismo sentido el analista político Ricardo Caldas, de la Universidad de Brasilia, consideró que las separaciones de los ministros involucrados en escándalos refleja la personalidad de Rousseff.
«Esa lucha contra la corrupción es una marca positiva del gobierno, pero es una cosa no planeada, ella (Rousseff) no lo puso como bandera de campaña, pero está ocurriendo», comentó Caldas a The Associated Press.
Explicó que en este gobierno, al igual que en el anterior, los 17 partidos que forman la alianza oficialista tienen cuotas dentro del gabinete, por lo que corresponde a esas agrupaciones escoger quién ocupa los cargos ministeriales.
«Así, cuando hay una denuncia ella (Rousseff) no se siente en la obligación de mantener a ese ministro, que es un nombramiento del partido. Ella no tiene problema de falta de apoyo en el Congreso (porque) tiene una amplia base de apoyo que le da cierta tranquilidad a la hora de destituir el ministro de algún partido», señaló Caldas.
Coincidió con Garcia en que la llamada «limpieza ética» generó apoyo de la población y citó encuestas internas del gobierno que dan alrededor de 70% de respaldo a la gestión de Rousseff.
Desde que Rousseff asumió el poder el 1 de enero debieron abandonar el cargo los ministros Antonio Palocci, el poderoso ex secretario general del gobierno; Alfredo Nascimento, de Transportes; Wagner Rossi, de Agricultura; Pedro Novais, de Turismo; Orlando Silva, de Deporte, y Carlos Lupi, de Trabajo.