Rousseff encara turbulencia


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La presidenta Dilma Rousseff enfrenta momentos de turbulencia política en la base de 14 partidos que apoyan a su gobierno en el Congreso, en momentos que Brasil se prepara para celebrar elecciones municipales.

Por MARCO SIBAJA BRASILIA / Agencia AP

La señal más contundente de disconformidad ocurrió anoche, cuando el Senado rechazó la renovación del nombramiento de Bernardo Figueiredo, hombre de confianza de Rousseff, como director de la Agencia Nacional de Transporte Terrestre, donde era el principal impulsor del proyecto para construir un tren de alta velocidad entre Rio de Janeiro y São Paulo, proyecto clave para el gobierno.

La derrota fue un hecho extraño para el gobierno de la primera mujer presidenta de Brasil, quien cuenta con cómodas mayorías en ambas cámaras del Congreso.

El secretario general de la presidencia, Gilberto Carvalho, reconoció hoy que el gobierno vive un momento difícil en su relación con los partidos aliados.

«Este es un momento tenso, pero nosotros vamos a dialogar, vamos conversar y entender. No es hora de hacer una declaración precipitada, es hora de entender que la democracia implica victorias y derrotas», declaró Carvalho a periodistas.

Agregó que «nuestra relación con los partidos es suficientemente madura para no salir rasgando vestiduras. Vamos a conversar con calma y vamos a recomponer esa relación».

Detrás del rechazo a Figueiredo está la insatisfacción del principal aliado de Rousseff, el centrista Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que consiguió apoyo de otras cuatro agrupaciones que sustentan el gobierno para rechazar el nombramiento de Figuereido.

El senador Romero Jucá, líder de la coalición oficialista en la cámara alta, reconoció que la votación fue el resultado de la insatisfacción entre los partidos aliados del gobierno, que acusan una supuesta preferencia dispensada por la presidencia al izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), de Rousseff.

«Fue una posición política de personas no satisfechas. Hay insatisfacción en todos los partidos, tenemos que entender el recado y llevarlo al gobierno», dijo Jucá a periodistas.

El pasado martes, diputados del Partido Movimiento Democrático Brasileño se reunieron con el vicepresidente Michel Temer, dirigente de esa fuerza, para reclamar porque su agrupación es marginada de las grandes decisiones del gobierno.

«En las propuestas y decisiones mayores el PMDB no ha participado y es visible el esfuerzo del gobierno por fortalecer el PT», señalaron los diputados, quienes temen que la visibilidad del partido de Rousseff redunde en beneficios para el PT en las elecciones de octubre, cuando se escogerán a los alcaldes y concejales de los 5 mil 565 municipios del país.

El analista político Alexandre Barros consideró que la derrota en el Senado y las muestras de disconformidad son parte del quehacer político en una democracia multipartidaria como Brasil.

«Como la base aliada está formada por varios partidos, tiene oscilaciones. Hay momentos en que hace más demandas, otros en que hace menos y una elección es un momento en que eso se intensifica», dijo Barros.

Consideró que la presidenta Rousseff tendrá que buscar la manera de agradar a sus partidos para contener la insatisfacción y evitar nuevas derrotas.