Romney y Obama preparan alegato final


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Al llegar a la enconada fase final, el presidente Barack Obama acusó el viernes a Mitt Romney de atemorizar a los votantes con mentiras, mientras que su retador republicano advertía sombríamente sobre la parálisis política y otra recesión si Obama consigue un segundo período. Al ingresar al último fin de semana de la contienda, un importante reporte sobre la economía demostraba un aumento de contrataciones pero millones aún siguen sin trabajo.

Por BEN FELLER y KASIE HUNT WEST CHESTER / Agencia AP

«¡Cuatro días más!» gritaban los partidarios de Romney en una manifestación proselitista en Wisconsin. «¡Cuatro años más!» rugían los simpatizantes de Obama mientras el presidente hacia campaña en Ohio.

Con Ohio en el meollo de la contienda, los candidatos aceleraban sus alegatos finales antes del cierre de campaña, ambos aferrándose al centro del espectro político al tiempo que se criticaban mutuamente. Los contrincantes dedicaron especial atención a casi todos los nueve estados cruciales en las elecciones, así como los principales miembros de sus equipos, y Romney presionaba para añadir Pensilvania a los estados más disputados en el último minuto.

Se podía sentir la urgencia por toda la campaña, desde multitudinarias manifestaciones hasta la votación adelantada de casi 24 millones de personas. Fuera de la Casa Blanca, cuadrillas de trabajadores sentaban las bases para las tribunas para el escenario de la tradicional ceremonia de juramentación del 20 de enero.

Obama, por primera vez criticó personalmente a Romney por los avisos en que insinuaba que los fabricantes de automóviles General Motors y Chrysler estaban exportando los empleos a China a expensas de Ohio, un estado que depende de la industria. Ambas empresas han reaccionado diciendo que los avisos mienten. El asunto es un punto muy delicado en Ohio, que quizás se ha convertido en el estado eje de las elecciones.

«Sé que estamos cerca de una elección, pero esto no es un juego», comentó Obama, en Hilliard, Ohio, un suburbio de mayoría republicana en la capital estatal Columbus. «Estos son empleos de personas. Se trata de la vida de estas personas…. Uno no debe asustar a los trabajadores estadounidenses solo por asustarlos para obtener votos».

Por primera vez, el tan esperado reporte mensual de empleos se vio opacado por el intenso ritmo de la contienda presidencial y sin tener visos de afectar el resultado de los comicios.

La tasa de empleos demostró un aumento de 171.000 puestos de trabajo para octubre, una mejor cifra de lo esperado, en un reflejo de que la economía sigue mejorando. Pero la cifra no es suficiente para reducir seriamente el desempleo, que se ubicó en el 7,9%.

No hay otro asunto más importante para los votantes que la economía y el tema se ha convertido en el mensaje de cierre de campaña de Romney.

El candidato republican afirma que la presidencia de Obama podría significar la continuación de una relación Espinosa con el Congreso, enfrentamientos ante el posible cierre de las oficinas del gobierno, un contraproducente efecto en la economía y quizás «otra recesión».

«Nunca ha liderado, nunca ha trabajado con los dos partidos, nunca entendió en realidad cómo se crean más empleos en la economía», destacó Romney, empresario de una firma privada, en su campaña en Wisconsin.

El líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, se mofó del más reciente recurso de campaña usado por el candidato republicano con respecto al bipartidismo en el Congreso.

«La fantasía de Mitt Romney de que los demócratas del Senado colaborarán con él para aprobar su programa fuertemente conservador es ridícula», destacó Reid.

Mientras la contienda política se intensificaba, la aflicción de la vida real se dejaba sentir en el noreste de Estados Unidos.

La cifra de muertos y la frustración aumentaban ante las secuelas de la devastadora tormenta Sandy. Millones de habitantes seguían sin electricidad y miles de conductores no podían abastecerse de gasolina.

En los primeros días de la respuesta de asistencia federal ante la tormenta, Obama destacó que él comandaba el esfuerzo.

«En nuestro ascenso y en nuestra caída somos en conjunto una nación como un solo pueblo», afirmó, antes de iniciar directamente la recuperación económica bajo su supervisión.

Las encuestas de opinión seguían sin dar un ganador absoluto en los últimos días. Pero Romney seguía con mayores dificultades para obtener la victoria porque debe ganar en los nueve estados más reñidos a fin de obtener 270 votos de los colegios electorales de: Ohio, Florida, Virginia, Carolina del Norte, Colorado, Nevada, Wisconsin, Iowa y Nueva Hampshire.

Obama visitó más lugares además de las grandes ciudades en Ohio antes de regresar a la Casa Blanca. Romney realizaba manifestaciones hasta la víspera del último fin de semana de la campaña.

ROMNEY
Debe atraer a independientes

El plan de Mitt Romney para la victoria electoral el martes se reduce a esto: Convencer a votantes independientes de que él va a cambiar Washington, avivar el entusiasmo republicano y evitar errores.

El sendero del candidato republicano para alcanzar los 270 votos del Colegio Electoral necesarios para ser presidente pasa por el viejo cinturón industrial. Romney debe impedir que Obama se lleve Ohio, Iowa y Wisconsin — o gane Pensilvania, tradicionalmente demócrata —, y debe prevalecer en los otros estados más disputados.

«El presidente Obama prometió cambios, pero no pudo cumplirlos. Yo les prometo cambios, y tengo un historial de conseguirlos», le dijo el ex gobernador de Massachusetts a una multitud de miles el viernes, cuando presentó su alegato final, en el que sostuvo que él puede hacer lo que Obama no pudo: cambiar el tono partidista en Washington.

En los últimos días de la campaña, Romney está empleando una estrategia diseñada para tratar de aprovechar el sentimiento anti-Obama en las filas republicanas y el malestar general sobre el rumbo del país en tiempos de debilidad de la economía. El objetivo: alentar la participación en las urnas en una contienda que según los sondeos marcha apretada tanto nacionalmente como en los nueve estados más disputados.

El equipo de Romney se ha mostrado confiado en público.

«Nosotros creemos que Mitt Romney va a ser el próximo presidente de Estados Unidos. Sentimos que estamos en una posición muy, muy buena», dijo el estratega de Romney, Russ Schriefer, y agregó que el impulso está del lado de su candidato.

El equipo de Obama discrepa, y argumenta que Romney dirige una campaña desesperada a la caza estado por estado de los delegados electorales necesarios.

En los últimos días ha quedado claro que Romney trata de forjar un sendero con o sin los 18 votos electorales de Ohio. Obama tiene una ligera pero persistente ventaja en la mayoría de los sondeos en un estado que ningún presidente republicano ha perdido.

Sus asistentes dicen que están centrados en dos rutas. Ambas se basan en la presunción de que Romney va a ganar Carolina del Norte, Virginia y Florida, tres estados que los republicanos dicen van a favorecer a Romney. Aparte de eso, uno de los senderos requiere ganar en Ohio, junto con Colorado o Iowa; el otro requiere ganar Colorado y Iowa, y entonces ya sea Nueva Hampshire, Wisconsin o Pensilvania, donde el domingo realizará un acto proselitista en el sur del estado.

OBAMA
Busca llevar a más partidarios

Para el presidente Barack Obama, obtener reelección se apoya en una estrategia artesanal de obtención del voto que apunta a proteger territorio clave en el centro del país, aumentar la participación de las minorías en las urnas y construir ventajas electorales tempranas que podrían protegerlo contra un repunte de última hora de su adversario republicano Mitt Romney.

Es algo muy distinto a la retórica excelsa y anuncios diáfanos que definieron el empujón final de Obama en 2008. Y es un reflejo de una contienda que sigue siendo reñida en sus últimos días, y de un resultado que podría depender del grado de participación en los estados más disputados.

«Tenemos dos tareas: Una, persuadir a los indecisos, y dos, llevar a nuestros electores a votar», dijo Jim Messina, uno de los directores de la campaña de Obama.

El propio Obama se ha involucrado profundamente en esos esfuerzos. Hizo una petición personal a 9.000 votantes indecisos a través de una conferencia telefónica desde el avión presidencial Air Force One, promovió el voto anticipado al emitir su propio sufragio antes del día de la elección y ofreció aliento a personal y voluntarios durante numerosas visitas a oficinas de campaña en estados indecisos.

«Odio poner la carga de todo el mundo sobre ustedes, pero básicamente todo depende de ustedes», dijo Obama esta semana a voluntarios en Orlando, Florida. Sus comentarios buscaron ser en tono festivo, pero atestiguaron el grado en el cual su campaña está contando con su masiva operación sobre el terreno para llevar a Obama a la reelección.

La campaña se apoyó en gran medida en esa operación esta semana en la que la supertormenta Sandy forzó a Obama a dejarla para regresar a Washington durante tres días para supervisar la respuesta federal. El esfuerzo demócrata para llevar a más votantes a las urnas siguió activo, al tiempo que permitió a Obama proyectar liderazgo presidencial y ofrecer consuelo en una crisis, intangibles que su campaña sabe que podrían ser benéficos para persuadir a votantes de última hora.

Estos le ayudaron a ganar el respaldo de al menos a una persona: el alcalde de Nueva York Michael Bloomberg, un independiente, quien dijo que el manejo de las secuelas de la tormenta por parte de Obama fue crucial en su decisión de apoyar a presidente.

Obama, en sus últimas argumentaciones dirigidas a los votantes, está tratando de abrillantar sus credenciales bipartidistas, buscando convencer a votantes de que es el mismo hombre que irrumpió en el centro de la atención política evadiendo la noción de estados rojos (republicanos) o estados azules (demócratas).