Romney y el punto crí­tico de su postulación: la fe


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Esta vez, los electores republicanos ya parecen haberse curado de espanto en Carolina del Sur. La perspectiva de que un mormón sea presidente ya no resulta tan descabellada y los residentes del estado están dispuestos a darle una nueva mirada a Mitt Romney, quien fracasó en 2008 en su intento por alcanzar la Casa Blanca. Sin embargo, persiste el resquemor hacia la fe de este polí­tico en un estado que, según ha dicho en broma un pastor local, «tiene más bautistas que habitantes».

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Por RACHEL ZOLL GREER / Agencia

Hoy se efectúan las elecciones primarias republicanas en el estado, donde los votantes sopesan si es realmente importante el mormonismo de Romney en momentos en que pasan apuros para cubrir sus gastos y continúa en la Casa Blanca un demócrata del que muchos desconfí­an.

«Aunque la fe de Romney sigue siendo un tema que suscita cierta controversia, polí­ticamente le ha causado menos dificultades que en 2008», dijo Jim Guth, politólogo de la Universidad de Furman en Greenville, ubicada en la zona conservadora del norte de Carolina del Sur.

«La mayorí­a de los republicanos tienen en general una impresión positiva de Romney, incluso los cristianos evangélicos», agregó.

Hace cuatro años, durante su anterior campaña, Romney suscitó desconfianzas debido a su afiliación con La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los íšltimos Dí­as.

Los cristianos conservadores, incluidos protestantes y católicos, no consideran cristianos a los mormones, aunque éstos juran y perjuran que sí­ lo son.

En aquellas fechas, el ex gobernador de Massachusetts habí­a cortejado a pastores evangélicos e integrado una comisión nacional para la fe y los valores.

Igual que John F. Kennedy cuando pronunció en 1960 un discurso sobre catolicismo que fue de importancia capital, Romney hizo lo propio en 2007 en Texas y se comprometió a que «ninguna autoridad de mi iglesia, o de ninguna iglesia» influirí­a en las polí­ticas que adoptara.

En esta ocasión, Romney carece de una comisión religiosa formal y rara vez hace referencia a su fe salvo que se le pregunte.

Durante una reciente presentación en Greer, Romney dijo que lo importante de las elecciones es «el alma de América (Estados Unidos)» y describió como un problema moral el endeudamiento de la nación.

Romney se refirió como un «himno nacional» a la canción «América the Beautiful». (Un organista de iglesia compuso originalmente la música de esta pieza para que fuera un himno religioso).

El único aspecto religioso en el acto lo escenificó el tesorero del estado de Carolina del Sur, Curtis Loftis, cuando mencionó que él era bautista en el discurso con el que presentó a Romney.

En contraste, el gobernador de Texas, Rick Perry, ha explicado en iglesias y reuniones de campaña en Carolina del Sur por qué a los 14 años abrazó a Cristo. Los evangélicos definen estas palabras como el testimonio personal de Perry.

Rick Santorum, un católico de valores conservadores al que a menudo se le confunde con protestante evangélico, solicitó en fecha reciente que rezaran por el éxito de su campaña a las personas que asistieron a un acto en Greenville.

«Todos los dí­as salimos a una batalla difí­cil», dijo Santorum. «Necesitamos ese manto de protección», agregó.

Peticiones como la mencionada son casi previsibles en un estado donde el cristianismo es parte importante de la vida cotidiana.

Cuando Romney llegó a Columbia por primera vez tras su victoria en las primarias de Nueva Hampshire, las iglesias de todo el estado acogieron a familias en sus reuniones de camaraderí­a, comida y estudio de la Biblia, una tradición del miércoles en la noche en los templos evangélicos del sur.

En 2008, se habí­an identificado como cristianos renacidos el 60% de los electores republicanos que participaron en los comicios primarios en Carolina el Sur, según encuestas de salida.

Más que el recelo hacia la fe de Romney, quedó manifiesta la importancia de la religión en Carolina del Sur con la segunda pregunta de una de las personas que asistieron el viernes a un acto tipo asamblea popular en Hilton Head.

Uno de los presentes preguntó a Romney si creí­a «en la divina gracia de la salvación de Jesucristo» y respondió «Sí­, así­ es».

Oran Smith, presidente del Consejo de la Familia Palmetto, un grupo de polí­tica conservadora con sede en Columbia, dijo que el estado «es una especie de cultura permeada por el evangelismo».

Smith dijo que Carolina del Sur «tiene una gran influencia de todas y cada una de las grandes iglesias. Incluso en aquéllos que sólo van al ritual de la iglesia, los valores que la gente predica se han vuelto parte de la visión del mundo de esas personas».

Romney ha centrado su campaña en los valores para atraerse esos votos, dijo el principal asesor de Romney y ejecutivo veterano de relaciones públicas que representa a pastores y ministerios evangélicos.

El equipo de campaña de Romney difundió el viernes pasado por radio un nuevo mensaje en el que se afirma: «Hoy, los conservadores cristianos apoyan a Mitt Romney porque él comparte los valores de ellos: la naturaleza sagrada de la vida, la santidad del matrimonio y la importancia de la vida».

Un folleto de apariencia llamativa comenzó a llegar el pasado fin de semana a los buzones de correo de las casas en Carolina del Sur. En esos textos se destaca que Romney ha pertenecido siempre a una misma iglesia, aunque no se precisa el nombre de la misma.

Este detalle podrí­a tener dedicatoria, a decir el ex presidente de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich, quien abandonó el luteranismo para convertirse en bautista del sur y después en católico.

El mensaje entre lí­neas de Romney es que «soy como ustedes», dijo John Green, experto en religión y polí­tica en la Universidad de Akron, Ohio.

«Es como una especie de inoculación decir: ‘Tengo estos valores. Hablemos ahora de la economí­a»’, agregó. «El intenta superar cualquier posible crí­tica», apuntó.

Romney reconoce que jamás obtendrá ciertos votos.

En la ciudad de Easley, en el norte del estado, el reverendo Brad Atkins, presidente de la Convención General Bautista de Carolina del Sur, ha difundido en el portal de internet de su iglesia un intercambio de correos electrónicos con un reportero local en cuanto a las objeciones del primero hacia la iglesia mormona.

«El mormonismo de Romney causa más preocupación que la infidelidad de Gingrich», escribió Atkins.

Los cristianos pueden perdonar el pecado, dijo el pastor, «pero tendrán dificultades para comprender como alguien puede llamarse mormón y cristiano al mismo tiempo».

Héctor Chávez, elector republicano católico en Columbia, dijo que no puede apoyar a Romney al igual que muchas personas a las que conoce.

«Como cristiano, no puedo votar por alguien que no nos pueda gobernar en una forma cristiana», dijo Chávez. Este elector afirmó que se inclina a votar por Perry.

De cualquier manera, Atkins terminó sus mensajes en el portal de internet con la predicción de que la mayorí­a de los cristianos basarán su voto en consideraciones económicas y no en consideraciones morales.

Gingrich
¿Matrimonio abierto?


En busca de reducir el daño a su campaña, el aspirante a la candidatura presidencial Newt Gingrich negó airadamente el jueves que haya pedido a su segunda esposa un «matrimonio abierto» que le hubiera permitido tener una amante, como lo afirmó ella durante una entrevista transmitida dos dí­as antes de las elecciones primarias de Carolina del Sur.

«Permí­tanme ser absolutamente claro. La historia es falsa», dijo Gingrich en el debate realizado en esta ciudad.

Al mismo tiempo, su casa de campaña presentó su declaración de impuestos, mostrando que Gingrich pagó 994.000 dólares en impuestos federales sobre un ingreso en el 2011 de más de 3,1 millones de dólares.

Fue un dí­a de altibajos para Gingrich, quien recibió el apoyo de su ex adversario y gobernador de Texas, Rick Perry. El ex presidente de la Cámara de Representantes está trabajando a fin de consolidar el apoyo de los conservadores para su candidatura, en un momento en que las encuestas muestran que repunta en su intento por vencer a quien lleva la delantera en la contienda: Mitt Romney.

«Newt no es perfecto, ¿pero quién lo es entre nosotros?», dijo Perry mientras se retiraba de la contienda, proporcionando a Gingrich algo de abrigo polí­tico en un estado lleno de evangelistas probablemente avergonzados de los dos divorcios de Gingrich y por su admitida infidelidad.

La ex esposa de Gingrich amenazó con descarrilar su campaña, presentando un asunto del pasado que Gingrich ha tratado dejar atrás durante su campaña.

En una entrevista con la cadena de televisión ABC, transmitida el jueves por la noche, Marianne Gingrich dijo que se negó a satisfacer la propuesta de que compartiera su esposo con Callista Bisek, que luego serí­a la tercera esposa del polí­tico.

La entrevista fue difundida dos dí­as antes de las elecciones primarias en Carolina del Sur, un estado muy conservador en el que Gingrich quiere ser una alternativa al republicano puntero, Mitt Romney.

Marianne Gingrich dijo en la entrevista que Gingrich mantuvo amorí­os con Callista «en mi dormitorio, en nuestro apartamento de Washington».

«í‰l siempre me llamaba por la noche y siempre terminaba con un ‘te quiero»’, señaló. «Bueno, ella estaba escuchando».

Marianne Gingrich, la segunda esposa del candidato, dijo que Gingrich le mencionó que «a Callista no le importa lo que hago».

«Me pidió llevar un matrimonio abierto y me negué», dijo. «Eso no es un matrimonio».

Se preguntó a Gingrich sobre la entrevista de su ex esposa antes de que fuera difundida por la cadena de televisión NBC. Respondió que «no dirí­a nada malo» de ella y prefirió no entrar en detalles de su vida personal, pero agregó que miembros de su familia escribieron a ABC para protestar la difusión de la entrevista, por considerarla una «intrusión en cuestiones familiares de hace más de una década».

Marianne Gingrich dijo que el polí­tico le pidió el matrimonio antes de que concluyera el divorcio con su primera esposa en 1981; se casaron seis meses después. Su matrimonio concluyó en divorcio en el 2000 y Gingrich reconoció que viví­a con Bisek, una ex ayudante del Congreso.