Rincón LITERARIO



Cuentos breves

Mario Benedetti

ESO

Al preso lo interrogaban tres veces por semana para averiguar «quién le habí­a enseñado eso». í‰l siempre respondí­a con un digno silencio y entonces el teniente de turno arrimaba a sus testí­culos la horrenda picana.

Un dí­a el preso tuvo la súbita inspiración de

contestar: «Marx. Sí­, ahora lo recuerdo, fue Marx.» El teniente asombrado pero alerta, atinó a preguntar: «Ajá. Y a ese Marx ¿quién se lo enseñó?» El preso, ya en disposición de hacer concesiones agregó: «No estoy seguro, pero creo que fue Hegel.»

El teniente sonrió, satisfecho, y el preso, tal vez por deformación profesional, alcanzó a pensar: «Ojalá que el viejo no se haya movido de Alemania.»

SU AMOR NO ERA SENCILLO

Los detuvieron por atentado al pudor. Y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse. En realidad, su amor no era sencillo. í‰l padecí­a claustrofobia, y ella, agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales.

PERSECUTA

Como en tantas y tantas de sus pesadillas, empezó a huí­r, despavorido. Las botas de sus perseguidores sonaban y resonaban sobre las hojas secas. Las omnipotentes zancadas se acercaban a un ritmo enloquecido y enloquecedor.

Hasta no hace mucho, siempre que entraba en una pesadilla, su salvación habí­a consistido en despertar, pero a esta altura los perseguidores habí­an aprendido esa estratagema y ya no se dejaban sorprender.

Sin embargo esta vez volvió a sorpenderlos. Precisamente en el instante en que los sabuesos creyeron que iba a despertar, él, sencillamente, soñó que se dormí­a.