Rincón LITERARIO



La tercera margen del rí­o

(fragmento)

Joí£o Guimaraes Rosa

escritor brasileño

«Mi hermana se cambió, con el marido, para lejos de aquí­. Mi mano resolvió y se fue, para una ciudad. Los tiempos cambiaban, en lo despacio apresurado de los tiempos. Nuestra madre acabó yéndose, de una vez por todas, a residir con mi hermana, ya andaba avejentada. Yo me quedé aquí­, en últimas. Yo nunca que podí­a querer casarme. Permanecí­, con las valijas de la vida. Carecí­a de mí­ nuestro padre, yo lo sé -en la vagancia, en el rí­o en lo páramo- sin dar razón de sus hechos. Sea lo que sea, cuando quise averiguar de veras, y de derecho indagué me dizque dijeron: según constaba que nuestro padre, alguna ocasión, hubo revelado la explicación al hombre que preparó para él la canoa. Pero, ahora ese hombre ya habí­a muerto, nadie supiera, ni que hiciera recordaciones, de nada, más. Sólo las pláticas falseadas, sin sensatez, como por motivo, al principio, en la avenida de los primeros desbordes, con lluvias que no estaban, todos se temí­an el fin-del-mundo, alegaban: que nuestro padre fuera el aleccionado como Noé, que, por lo tanto, la barca él habí­a anticipado; pues ahora me entreacuerdo, Mi padre, nada de mal agí¼eros con él. Y ya empezaban a aparecer en mí­ unos primeros cabellos canos. Soy hombre de tristes palabras. ¿Qué era de lo que yo tení­a tanta, pero tanta culpa? Si el padre mí­o, siempre haciendo ausencia: y el rí­o-rí­o-rí­o, el rí­o -poniendo perpetuo. Yo sufrí­a ya el comienzo de la vejez -la vida era sólo la morosidad. Yo mismo tení­a achaques, bascas, aquí­ en los bajos, flojeras, pachorras de reumas. ¿Y él? ¿Por qué? Habrí­a de padecer mucho muy seguido. De tan anciano, dí­as más o dí­as menos, que iba a flaquear del vigor, y dejar que la canoa se volteara, o que errara al garete, en la llevada del rí­o, para despeñarse horas abajo, en el catarateo y en el tumbo del torrente, bravo, con el hervor y muerte. De apretar el corazón. El estaba allá, sin la tranquilidad mí­a. «