Riesgo profundo de más hambre en Guatemala


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El problema del hambre es profundo en Guatemala y las amenazas de que se expanda más aún, avanzan abiertamente aunque no parece importar mucho a los decisores. De hecho, les importa un rábano. En un país con suficientes recursos naturales para alimentar a toda su población –como lo demuestra el hecho de ser el quinto país exportador de café y azúcar del mundo- cuesta comprender cómo es posible que el 49% de los menores de 5 años sufra desnutrición crónica, es decir, más de un millón de niños y niñas.

Roberto Arias


      Esta tasa es la más alta de toda América Latina y la cuarta a nivel mundial, sólo superada por Burundi, Tanzania y Zambia en África. Y entre la población indígena la tasa de desnutrición crónica infantil se dispara hasta un 70%.
     
      El problema está dado desde los tiempos de la conquista y la colonización, pero los gobiernos permanentemente alineados con las elites económicas de siempre jamás han tomado en serio o tomado acción para poner las cosas donde convenga a la sociedad en general.
     
      A esto se suma, ahora, la crisis de la deuda soberana de los países europeos, de donde se deriva la sugerencia del Banco mundial (BM) a “los países en desarrollo”, el fortalecimiento y la recuperación del espacio fiscal; de allí las acciones del presidente militar, Otto Pérez, contra el bolsillo del ya súper esquilmado pueblo de Guatemala; esto “…debido a las grandes tensiones que suponen un grave riesgo para los países en desarrollo, sobre todo para aquellos que dependen en mayor medida de las remesas, el turismo y los productos básicos”, según Luis Arévalo del Diario La Hora de Guatemala.
     
      Para vergüenza de los guatemaltecos que la tienen, nuestro país depende en gran proporción de las remesas que envían quienes van a trabajar al extranjero, particularmente a los Estados Unidos, porque aquí no hay generación de trabajo. Las remesas escasearán, aunque hasta éstas son aprovechadas por las cúpulas económicas quienes, además, son los propietarios de los bancos y de los sistemas financieros del país, quedándose con las divisas que envían estos esforzados guatemaltecos. Si a usted lector le envían una cantidad en dólares estadounidenses, los banqueros no le entregan dólares aunque usted se vuelva orangután. Le entregarán quetzalitos devaluados y ellos se quedan abusivamente con la moneda dura que le enviaron a usted, aunque usted tenga una cuenta en dólares en sus propios bancos. Es un atraco descarado, pero ellos manejan también la legislación con el tradicional soborno al Congreso. La extorsión de los banqueros a un pueblo entero.
     
      La crisis de la deuda soberana de los países europeos tendrá un impacto “soberano” en la economía y el hambre de los guatemaltecos y las consecuencias serán terribles. Muchos rubros sufrirán en nuestro país, incluyendo el turismo y sus derivados, con la tremenda presión económica venida de Europa y de Estados Unidos.
     
      La expansión de los monocultivos para la exportación (principalmente de banano, caña de azúcar y palma africana), la explotación minera, las centrales hidroeléctricas y la industria del cemento están expulsando a la población rural de las tierras de las que dependen para su subsistencia. Esto afecta, sobre todo, a la población indígena, pues a menudo sus sistemas tradicionales de propiedad no están protegidos legalmente, a pesar de que el país ha ratificado el Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas. El jinete apocalíptico del hambre… galopa sobre Guatemala.