Richard Meier: el hombre detrás del museo


A sus 73 años, el estadounidense Richard Meier, que es el más joven ganador del Premio Pritzker – el Nobel de Arquitectura-, ha construido hermosos museos y edificios en todas las ciudades de Europa, salvo en Londres, que en cambio le consagra ahora una gran retrospectiva.


Elegante, con su cabellera y camisa blanca y su traje y mirada azul, Meier, que suele eludir a la prensa, conversó en el luminoso museo de la Fundación Louise T Blouin, al oeste de Londres, donde expone un conjunto impresionante de maquetas, diseños, esculturas, muebles, collages y acuarelas.

El arquitecto conocido por sus estructuras rectilí­neas, post-modernas, habló en un pequeño cuarto del museo, sorbiendo una taza de café, sobre su trabajo, sus planes y sueños futuros, y citó, con dificultad, las obras de las que se siente más orgulloso.

«Es difí­cil escoger, estoy tentado de decir que es mi última obra, el museo Arp, que recién abrió sus puertas en Rolandseck, Alemania, pero creo que me quedarí­a con el Getty en Los Angeles», dijo Meier, que entró a la historia de la arquitectura en 1984 cuando se convirtió a los 49 años en el más joven galardonado con el Pritzker.

«Â¿Qué hace que algunos edificios sean arte?», le interrogó a Meier, que ha construido algunos de más hermosos museos del mundo: además del Centro Getty y del Arp, ha diseñado el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, el High Museum of Art en Atlanta (sur de EEUU) y el luminoso Ara Pacis en Roma, entre otros.

«Son varios aspectos, sobre todo la relación del edificio con el contexto en el que está ubicado, la cualidad de los espacios, la manipulación de la luz y el espacio, los materiales y la manera cómo está construido, su dimensión humana y la manera cómo la gente lo usa, su ’feeling’», explicó.

«Un edificio no debe sólo estar allí­, sino que debe convidar y volver el lugar donde existe más vital», opinó.

Meier desprende generosidad: no le gusta hablar mal de sus colegas, y reconoce el talento de muchos de ellos. Dice por ejemplo que le gusta mucho el Museo de Bilbao, de Frank Gehry.

Al ser interrogado sobre el edificio Swiss Re, del célebre arquitecto británico Norman Foster – edificio que es conocido en Londres como el «Gherkin», o «el pepino erótico», Meier se limitó a comentar: «demuestra la gran diversidad que hay en la arquitectura de Londres, que es una ciudad fascinante».

En la mustra figura la maqueta de la maravillosamente curvilí­nea Iglesia del Jubileo, que recién construyó en los suburbios de Roma, así­ como la del edificio que sometió a concurso para el World Trade Center, en Nueva York, que fue ganado por Daniel Libeskind. «Lástima», dice solamente.

Titulada «Richard Meier: Arte y Arquitectura», la exposición lo revela también como un maravilloso escultor y pintor. «Siempre, durante toda mi vida, me ha gustado investigar la intersección entre arte y arquitectura», dijo.

Meier reconoció que le gustarí­a mucho construir algo – quizá un museo – en el Reino Unido. «Es el único paí­s en Europa donde no hay edificios mí­os. Pero hasta ahora no me lo han pedido», dice con sencillez.

«Quizá después de esta muestra», añade Meier, recordando sin embargo que la construcción de los lugares públicos, que es lo que prefiere, toma mucho tiempo, mucho más que una casa.

«El Centro Getty tomó 12 años, y el Arp llevó 20, desde los primeros planos hasta su construcción», dijo Meier.

La Fundación Louise T. Blouin, donde está la exposición, fue creada el año pasado por una mujer bella, joven y multimillonaria, Louise T. Blouin MacBain, que ha sido una exitosa empresaria y que ahora tiene el ambicioso sueño de contribuir a cambiar el mundo mediante el arte y la creatividad.

«Considero la cultura y la creatividad como poderosos catalizadores de cambio», dijo Blouin, explicando que su Fundación tiene la meta de «estimular los intercambios culturales internacionales para desarrollar la comprensión y la cooperación entre los paí­ses y pueblos».