Integrador y revolucionario para unos, peligroso y contaminado de ideología chavista para otros, el proyecto de reforma del temario de los centros educativos venezolanos levanta polémica y será una cuestión presente en las elecciones locales y regionales de noviembre.
El proyecto, que iba a comenzar a aplicarse el próximo septiembre pero se ha retrasado un año, ha provocado las críticas de organizaciones de profesores, padres de alumnos y partidos políticos de oposición.
Según la Federación Nacional de Sociedades de Padres y Representantes, el plan del gobierno «no ha sido adecuadamente consultado» y «utiliza un lenguaje claramente sesgado» y es «parcial».
«La Historia por ejemplo está desequilibrada, hace énfasis en algunos periodos y omite otros. Casualmente, la elección es idéntica a la lectura y la lógica usadas siempre por Chávez», explicó Olga Ramos, presidenta de la organización no gubernamental Asamblea de Educación.
Pero para los responsables del ejecutivo del presidente Hugo Chávez, este modelo de enseñanza intenta dejar atrás viejos modelos heredados y «garantiza plenamente la vigencia de la libertad de expresión, de pensamiento y del verdadero ejercicio de la democracia».
«La reforma se debate desde hace nueve años y no es en absoluto una cuestión partidista sino un elemento transformador de la sociedad que pretende conseguir alumnos creativos, con capacidad para valorar y con profundo sentido crítico», declaró Xiomara Lucena, profesora universitaria y ex directora nacional de Comunidades educativas.
Pero ideas como la «educación bolivariana», «desarrollo endógeno», «poder popular» o la «nueva geometría del poder» han encendido la luz de alarma en algunos sectores de la población.
«Los maestros, no sólo los que no simpatizan con el presidente, sino los que son partidarios del proyecto revolucionario, han realizado fortísimas críticas. El recelo de su propia gente hizo que Chávez retrocediera», opinó Ramos.
En estos días, Hugo Chávez retiró a su hermano Adán Chávez de la cartera de Educación, argumentando que debía dedicarse exclusivamente al partido PSUV (oficial), del que es vicepresidente.
Días atrás, el presidente también pidió sustituir el adjetivo «bolivariano» del temario educativo por el de «nacional» y garantizó que habrá una amplia consulta de padres, alumnos y profesores antes de que esta reforma sea aprobada.
«Las elecciones regionales y municipales han influido en esta actitud y en que se retrase la aplicación de esta reforma a 2009. El gobierno no se atreve a hacerlo antes para no correr el riesgo de que numerosos partidarios se vuelvan en su contra», estimó Ramos.
Para Lucena, el gobierno decidió postergar la aplicación de esta reforma «para no dar a una oposición irresponsable» un argumento que sea usado en la elección de gobernadores y alcaldes de noviembre.
«Lamentablemente, la oposición venezolana sólo quiere acabar con Chávez y no les importa lo que se llevan por delante. La reforma educativa es un tema estratégico del país, no pertenece ni a los chavistas ni a los antichavistas, y debe ser tratado con más seriedad», agregó la experta.
Los más críticos con Chávez en este punto argumentan que este plan educativo es «anticonstitucional» y está inspirado en el proyecto de reforma de la Carta Magna, rechazado por el pueblo en un referéndum celebrado el 2 de diciembre pasado.
«Es falso. Somos conscientes de que fuera de la Constitución nada, dentro de ella todo», argumentó Adán Chávez antes de transmitir la cartera de Educación a Héctor Navarro la semana pasada.
Pese a que la entrada en vigor del plan fue postergada y no hay todavía una versión definitiva de la reforma, las asociaciones de padres y profesores denuncian que hay maestros que están siendo «obligados» a formarse desde ya en este nuevo temario.
Está previsto que las primeras experiencias piloto con el nuevo temario educativo comiencen el próximo septiembre en algunas regiones de Venezuela.