“El programa industrial y en general todo el desarrollo económico de Guatemala no podrá ser jamás una realidad mientras subsistan las actuales condiciones de servidumbre en el campo y de producción artesanal en la ciudad. Por ello, es que en nuestro programa tiene capital importancia la reforma agraria que para realizarse tendrá que liquidar los latifundios e introducir cambios fundamentales en los métodos primitivos de trabajo, es decir, hará una mejor distribución de la tierra no cultivada o de aquella donde se mantienen las costumbres feudales e incorporará la ciencia y la técnica agrícolas a nuestra actividad agraria en general.” Jacobo Árbenz. (Fragmento discurso toma posesión, en 1951).

Jacobo Árbenz, asumió el cargo de Presidente Constitucional el 15 de marzo de 1951; en su discurso de toma de posesión, anticipó con total claridad los aspectos principales de su programa económico de Gobierno, entre éstos, destacó la necesidad de impulsar una reforma agraria, que como se sabe, fue un objetivo que se cumplió y concretó el 17 de junio de 1952, cuando el Congreso Nacional de aquel entonces, aprobó el histórico Decreto 900, Ley de Reforma Agraria.
El artículo 3 del Decreto 900, estableció que la reforma agraria se proponía cumplir los siguientes objetivos: “a) Desarrollar la economía capitalista campesina y la economía capitalista de la agricultura en general; b) Dotar de tierra a los campesinos, mozos colonos y trabajadores agrícolas que no la poseen, o que poseen muy poca; c) Facilitar la inversión de nuevos capitales en la agricultura mediante el arrendamiento capitalista de la tierra nacionalizada; d) Introducir nuevas formas de cultivo, dotando, en especial a los campesinos menos pudientes, con ganado de laboreo, fertilizantes, semillas y asistencia técnica necesaria; y e) Incrementar el crédito agrícola para todos los campesinos y agricultores capitalistas en general”.
¿Por qué Árbenz impulsó la Reforma Agraria? De acuerdo con sus propias palabras, “para convertir a Guatemala en un país moderno y capitalista”, debido a las condiciones estructurales injustas y desiguales y a las relaciones de producción de carácter feudal y semicolonial, que en ese momento, caracterizaban al país y a la sociedad.
Árbenz, quien se destacó como un estadista identificado con las necesidades de las mayorías sociales de Guatemala, lo advirtió en el discurso ya citado, al sostener: “Nuestro gobierno se propone iniciar el camino del desarrollo económico de Guatemala, tendiendo hacia los tres objetivos fundamentales siguientes: a convertir a nuestro país, de una Nación dependiente y de economía semicolonial en un país económicamente independiente; a convertir a Guatemala, de un país atrasado y de economía predominantemente feudal en un país moderno y capitalista, y a hacer porque esta transformación se lleve a cabo en forma que traiga consigo la mayor elevación posible del nivel de vida de las grandes masas del pueblo”.
¿De dónde vino la idea de la Reforma Agraria? ¿Fue una iniciativa original de los revolucionarios guatemaltecos? No, la propuesta vino del informe Britnell, elaborado por un grupo de expertos contratados por el Banco Mundial BM y el Banco Interamericano de Reconstrucción y Fomento BIRF, quienes recomendaron la necesidad de promover la reforma agraria en los países subdesarrollados, para “modernizar sus economías”. Por esa misma recomendación y con el apoyo de los estadounidenses, se habían impulsado antes, reformas agrarias radicales y exitosas en Taiwán y Corea del Sur, dos países que hoy tienen un alto desarrollo capitalista.
Pero claro, la Reforma Agraria de Árbenz y de la Revolución, afectó intereses de compañías estadounidenses y de oligarcas locales, que asustados con el petate del muerto, hicieron alianza con los jerarcas de la Iglesia Católica y con un puñado de militares traidores, que contaron con el apoyo del gobierno estadounidense y las elites oligarcas exógenas para conspirar y derrocar al gobierno de Árbenz.
Desde que hace algunos años, el propio gobierno estadounidense ha desclasificado documentos secretos, hoy se sabe con absoluta certeza, que la operación encubierta “PBSuccess”, dirigida y financiada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), destinó 3 millones de dólares, para repartir entre el grupo de militares guatemaltecos traidores y así ayudar a ejecutar el derrocamiento de Árbenz en 1954.
Días antes de renunciar a la Presidencia, Árbenz denunció por la radio: “Nuestro único delito consiste en decretar nuestras propias leyes y aplicarlas a todos sin excepción. Nuestro delito es haber iniciado una reforma agraria que afectó los intereses de la United Fruit Company. Nuestro delito es desear tener nuestra propia ruta hacia el Atlántico, nuestra propia energía eléctrica y nuestros propios muelles y puertos. Nuestro delito es nuestro patriótico deseo de avanzar, progresar y obtener una independencia económica que vaya de acuerdo con nuestra independencia política. Hemos sido condenados porque hemos dado a la población campesina, tierra y derechos”.
La verdad prevalece siempre y la infamia resulta derrotada. Ahora que los guatemaltecos conmemoramos el centenario del nacimiento de Jacobo Árbenz, rescatamos la memoria histórica de esos aciagos acontecimientos para exaltar y honrar la memoria del Presidente de la dignidad nacional, el Coronel de la Primavera, el siempre recordado Soldado del Pueblo. ¡Árbenz para todos los tiempos!