Revolución y desafí­os


«…convertir a nuestro paí­s de una Nación dependiente y de economí­a semicolonial en un paí­s económicamente independiente; convertir a Guatemala de paí­s atrasado y de economí­a predominantemente feudal, en un paí­s moderno y capitalista».

(Jacobo Arbenz Guzmán. Discurso toma posesión).

Factor Méndez Doninelli

La gesta revolucionaria guatemalteca que culminó el 20 de Octubre 1944, es un hecho histórico trascendente que provocó la caí­da del dictador general Jorge Ubico e inició un proceso inconcluso de cambios sociales, económicos, polí­ticos y culturales profundos y sin precedentes, pese a que todaví­a hay algunas mentes perversas, oscuras y obtusas que se aferran a negarlo. La clase trabajadora, los campesinos, los indí­genas, los excluidos, discriminados, la gente pobre, fueron los mayores sectores sociales beneficiados con la polí­tica pública de los gobiernos de Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz Guzmán.

En el afán de convertir al paí­s en independiente, moderno y capitalista, se promulgó el Código de Trabajo, se creó el Seguro Social, se otorgó las autonomí­as de la Universidad nacional y las municipalidades, la entrega de tierra a los campesinos mediante la reforma agraria, se impulsó la educación laica, gratuita y obligatoria, la recuperación de la dignidad, la libre determinación y la soberaní­a, todas estas acciones son decisiones destacadas de ese perí­odo revolucionario que se caracterizó por los avances y las transformaciones, alcanzados mediante el ejercicio de la democracia popular, participativa y el respeto a los derechos y libertades fundamentales de las personas. Durante los diez años que floreció la primavera democrática, el paí­s experimentó un importante salto de calidad polí­tico, económico y social. Las condiciones laborales y la calidad de vida de la clase trabajadora, los campesinos y los indí­genas mejoraron. Hubo notables progresos sociales en educación, salud, trabajo, salarios e infraestructura vial.

Durante el gobierno de Arbenz Guzmán en materia de transformación agraria se expropiaron miles de hectáreas de tierra ociosa, que después se entregó a los campesinos. Rompió los monopolios del ferrocarril y de la energí­a eléctrica de capital estadounidense. El gobierno revolucionario se distinguió por defender y ejercer con dignidad, independencia y coraje los derechos de libre determinación y soberaní­a de los pueblos.

En 1954 los intereses imperialistas estadounidenses de la época, la nefasta actuación de los jerarcas de la Iglesia Católica guatemalteca, un puñado de militares traidores, de civiles vende patria y los oligarcas de siempre, interrumpieron violentamente el proceso de transformación estructural iniciado por la revolución. Desde entonces, Guatemala y la sociedad han retrocedido porque el proyecto contrarrevolucionario y contrainsurgente impuestos, solo sirvieron para crear un paí­s más desigual que exhibe los peores indicadores sociales en materia de educación, salud, desempleo, desnutrición infantil, mortalidad materna infantil, seguridad social y vivienda. Y ahora el proyecto neoliberal de los oligarcas guatemaltecos y sus amos imperialistas, sigue aumentando la brecha entre ricos y pobres. Hoy hay más gente sobreviviendo en la pobreza y extrema pobreza que hace 60 años.

El desafí­o de las fuerzas democráticas, progresistas y revolucionarias del paí­s es continuar la lucha, retomar y relanzar el programa inconcluso de la Revolución. Participar polí­ticamente organizados y unidos, derrotar al proyecto oligarca neoliberal y a sus lacayos.