La elevada participación de los sunitas en las elecciones legislativas de Irak supone un revés para Al Qaeda que, contrariamente a lo ocurrido en los comicios de 2005, fracasó en su intento de intimidar a esta comunidad mediante amenazas y bombas.
Ayer, desde el comienzo de la jornada electoral, Bagdad fue sometida a una lluvia de obuses y cohetes, más de 70 proyectiles disparados por la mañana, que causaron la muerte de 38 personas y decenas de heridos.
Sin embargo, Al Qaeda no logró penetrar en las ciudades iraquíes para cometer atentados suicidas de gran alcance debido a la gran eficacia del plan de seguridad.
Incluso en sus antiguos bastiones, como la ciudad de Faluya, Al Qaeda no logró infiltrar kamikazes, debiendo limitarse a bombardearla desde lejos sin poder ejecutar las amenazas proferidas antes de las elecciones.
«El que salga de casa para participar (en los comicios), desafiando la ley de Dios y sus advertencias claras, se expone a su ira y a todo tipo de armas de los muyaidines», había dicho un amenazante comunicado de Al Qaeda difundido dos días antes de los comicios.
Insensibles a las amenazas, los sunitas concurrieron a votar en forma masiva.
Las regiones pobladas mayoritariamente por sunitas registraron altos índices de participación: 70% en Diyala y Salheddin, 61% en Al Anbar y 67% en Ninive.
«La participación de los sunitas es una etapa mayor en la derrota de Al Qaeda a pesar de las amenazas y las violencias», indicó a la AFP Hamid Fadel, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Bagdad.
«Los sunitas concurrieron a votar, demostrando su apego a Irak y a la democracia. Ese voto es una prueba de que son una parte muy importante del proceso político», agregó Fadel.
Las autoridades iraquíes, al igual que la ONU, Estados Unidos y otros países, afirmaron en forma unánime que ese voto era una victoria para la democracia iraquí y al mismo tiempo una derrota vergonzosa de los insurgentes.
«Los iraquíes concurrieron a votar en forma numerosa, mostrando su firme determinación a impedir que los terroristas destruyan su deseo de participar en la elección de sus dirigentes», dijeron en un comunicado común el embajador de Estados Unidos, Christopher Hill, y el comandante de las fuerzas norteamericanas en Irak, Ray Odierno.
Tres años después de haber sido derrotada militarmente, en una ofensiva lanzada en 2007, Al Qaeda sufrió una nueva derrota, esta vez política e ideológica, al quedar en evidencia que no representan una alternativa en las zonas sunitas.
«Esta jornada representa la victoria de la razón sobre la confrontación y la violencia. Los iraquíes han hecho historia y superado una importante etapa en el camino de la reconciliación nacional», declaró por su parte Ad Melkert, representante especial de la ONU en Irak.
«Los que desean recurrir a la violencia son los verdaderos derrotados de las elecciones», agregó Melkert.
«La participación de los sunitas era uno de los desafíos de una elección que debía marcar su retorno a la escena política, de la cual habían sido marginados en 2005, cuando habían boicoteado las elecciones legislativas».
Amargados por haber perdido el poder que ejercían desde la fundación de Irak en 1920, los sunitas se habían sumado en un primer momento a la insurrección antinorteamericana pero tiempo después varios jefes tribales importantes rompieron la alianza con los militantes de Al Qaeda considerados demasiado sanguinarios.
Sin embargo, Estados Unidos advirtió contra un exceso de optimismo.
«Sabemos que Irak va a enfrentar días muy difíciles y que probablemente haya más violencia», declaró el presidente norteamericano, Barack Obama.
El primer ministro iraquí Nuri al Maliki se imponía en las elecciones legislativas de ayer, según estimaciones preliminares, aunque los analistas afirmaban este lunes que tendrá dificultades para formar una mayoría que le permita mantenerse en el cargo.
De acuerdo con cómputos recabados entre responsables locales, la Alianza para el Estado de Derecho (AEF), de Al Maliki, está a la cabeza en las nueve provincias chiítas del sur, y el Bloque Iraquí de Iyad Allawi tiene amplia ventaja en las cuatro con mayoría de población sunita (Anbar, Salahedin, Nínive y Diyala).
A las provincias chiitas les corresponden 119 escaños, contra 70 a las sunitas, de un total de 325 curules en el Parlamento.
«Pienso que hemos obtenido un tercio de los votos, pero nos será imposible formar gobierno sin el apoyo de otros movimientos», dijo a la AFP Ali al Musawi, un asesor del primer ministro.
La Comisión Electoral tiene previsto divulgar resultados parciales el jueves de esta semana y los definitivos el 18 de marzo, con vista a oficializarlos a fines de mes, tras la verificación de denuncias de irregularidades.
Estas elecciones legislativas, las segundas desde la invasión estadounidense que a fines de 2003 derrocó a Saddam Hussein, tuvieron un elevado índice de participación, según estimaciones obtenidas por la AFP.
Millones de iraquíes desafiaron los obuses y las bombas, que el domingo mataron a 38 personas, sin dejarse amedrentar por la red islamista Al Qaeda, que había amenazado de muerte a quienquiera que fuese a votar.
La lista de Allawi, que fue primer ministro tras la invasión de 2003, se ubica segunda en tres circunscripciones chiitas (Mutana, Babil y Basora), pero en las otras seis está detrás de la Alianza Nacional Iraquí (ANI), una coalición conformada por el Consejo Supremo Islámico Iraquí (CSII, de Amar al Hakim) y por los partidarios del clérigo radical Muqtada Sadr.
En las provincias sunitas, la AED llega segunda en Diyala y se ve ampliamente superada en las tres restantes.
En la provincia de Kirkuk, kurdos y árabes se disputan 12 curules: la alianza kurda Kurdistania, formada por dos partidos tradicionales, lidera los primeros resultados, seguida por el Bloque Iraquí y por la AED.
Se carece por el momento de datos sobre los comicios en Bagdad (68 escaños).
Kurdistania también está en primera posición en las tres provincias kurdas, que tienen un total de 41 curules.
El Parlamento se completa con 15 escaños «compensatorios», distribuidos principalmente entre las minorías religiosas.
Los expertos consideran poco probable que Al Maliki consiga mantenerse en el cargo.
«Sus relaciones con los kurdos no son buenas, la ANI lo acusa de ejercer un poder personalista y los sunitas de haber reactivado la política de «debaasificación» que los toma por blanco», agregó Fadel, en referencia a la exclusión de cargos políticos de personas vinculadas al partido Baas de Saddam Hussein, quien fue ejecutado en la horca en diciembre de 2006.
Según el académico, el próximo primer ministro será otro miembro de la AED o Iyad Allawi.
Una opinión que comparte su colega Aziz Jabar, de la Universidad Mustansariya, de Bagdad. «No creo que Al Maliki sea el primer ministro del próximo gobierno, pues es rechazado por los grupos políticos importantes. Hubiera tenido que obtener una ventaja mucho mayor», sostiene.
La participación en los comicios fue mayor en las provincias sunitas, que habían boicoteado las legislativas de 2005. Un 70% de los empadronados fueron a votar en las provincias de Diyala y Salahedin, un 61% en Anbar y un 67% en Nínive.
En las zonas chiitas, la participación va de un 47% en Wasit a un 64% en Muthana, con un promedio de alrededor del 55%.
El Kirkuk, la participación fue de un 70% y en las provincias kurdas aún mayor.
Esas elecciones deben ser las últimas que se realizan bajo ocupación estadounidense, pues según el calendario del presidente Barak Obama, la mayor parte del contingente, actualmente de unos 96.000 efectivos, debe haberse retirado en agosto de este año y la totalidad a fines de 2011.