“Revelación: el poder de la memoria en el país del olvido”


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“Nuestra capacidad de recordar el pasado depende en buena medida de las imágenes, especialmente de aquellas creadas por la cámara. Las fotografías detienen el tiempo y parecen fijar la memoria, a la vez que constituyen un vehículo de acceso inmediato para la recordación colectiva”.
Steven Hoelscher.

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POR DANIEL HERNÁNDEZ-SALAZAR

Desde el lunes de esta semana, como parte de FOTO 30, Daniel Hernández-Salazar expone la muestra fotográfica “Revelación: El poder de la memoria en el país del olvido”, la cual estará abierta hasta final del mes, en el Centro Cultural Municipal, antiguo Edificio de Correos (7ª. avenida y 12 calle de la zona 1), en el salón 117. La entrada libre. A continuación, unas palabras del expositor.

Esta muestra fotográfica elabora sobre dos poderes subyacentes y mutuamente complementarios: el de la memoria, como mecanismo para esclarecer el pasado, y el de la fotografía que, por su valor testimonial, se convierte en medio y herramienta para la transmisión de la memoria.
Presenta en imágenes los cuatro primeros casos de identificación de víctimas guatemaltecas resueltos por medio del análisis de ADN, quienes aparecen en el llamado Diario Militar. Este documento, único por su valor probatorio, fue sustraído de archivos de inteligencia militar de Guatemala y llegó a manos de Kate Doyle, analista estadounidense de la organización NSA, quien lo hizo público en 1999.

A dieciséis años de la Firma de la Paz, todavía falta mucho para sanar el cuerpo y la mente de nuestra sociedad. Uno de los temas pendientes había sido la identificación de los miles de desaparecidos de los años de represión. No obstante, ese proceso ya está curso, a través de los análisis de ADN que realiza la Fundación de Antropología Forense de Guatemala, y permite la legitimación de aquellas personas y de los ideales por los que lucharon. Hace posible, además, el cierre del duelo de los familiares quienes por fin reciben la esperada, pero temida, explicación del destino de sus seres queridos. Es el momento de liberarse, pero también de perder la esperanza del reencuentro que guardaron en lo más profundo de sus pensamientos. Conocer la verdad duele, pero es sin duda una acción saludable y liberadora dijo al respecto Juan Gerardi.

En este momento de inflexión histórica, la memoria se vuelve fuente de poder y se valida con la prueba inequívoca de que esas personas existieron y fueron desaparecidas y, así las cosas, faculta a la sociedad para exigir el esclarecimiento de los hechos. La memoria validada respalda, entonces, la demanda al Estado y a la sociedad en su conjunto de aceptar lo ocurrido y asumir la responsabilidad de hacer que se investigue. Como consecuencia, impone el inicio de procesos legales en contra de los que perpetraron las arbitrariedades y crímenes de lesa humanidad. El reconocimiento de lo ocurrido empodera a los sobrevivientes y a los herederos ideológicos de los movimientos, quienes también buscan retomar las propuestas que los poderes hegemónicos quisieron borrar, reinsertarlas en la agenda nacional y exigir que sean tomadas en cuenta.

Con esta serie fotográfica quiero mostrar ese instante/umbral histórico por el que transitamos de la incertidumbre del pasado hacia la certeza del futuro. Estas imágenes muestran cómo cada  familia resuelve esa transición a su manera, pero siempre manteniendo la coherencia con las ideas en las que sus familiares creyeron y por las que fueron desaparecidos. Esto señala el poder que tienen las convicciones, el recuerdo y el cariño, algo que las personas deben atreverse a manifestar para vencer al dominio del olvido y la negación. Por otro lado, con estas obras quiero reivindicar el concepto mismo de la Fotografía, el cual se ha visto disminuido, o por lo menos difuminado, por las novedosas tecnologías que hacen aparentemente fácil la tarea de recolectar imágenes, pero que al final han tenido como consecuencia la banalización del oficio. Es por eso que en este caso escogí regresar a la impresión de plata sobre gelatina: las imágenes, capturadas originalmente de manera digital, fueron filmadas en película, y luego impresas por mí de manera tradicional en cuarto obscuro. Con esto cumplí el deseo de volver al concepto primordial de la fotografía: la imagen escrita con luz sobre el soporte.

Las imágenes [fotográficas] revelan la verdad, se convierten en el recurso del discurso que no se ha dicho, de la historia que no se ha contado ni publicado, y transmiten los cuadros mnemónicos de los cuales se constituye la memoria misma.