Con mucha frecuencia oímos ahora en Guatemala el tema de responsabilidad social empresarial, vemos a distintas empresas de la iniciativa privada involucradas en proyectos sociales que promueven alcanzar distintos objetivos, para promover no solo mejores condiciones laborales a lo interno de las empresas, sino además una mejor calidad de vida de las y los guatemaltecos en su entorno social.
Para la Organización Internacional del Trabajo (OIT) la responsabilidad social de la empresa es el conjunto de acciones que toman en consideración las empresas para que sus actividades tengan repercusiones positivas sobre la sociedad y que afirman los principios y valores por los que se rigen, tanto en sus propios métodos y procesos internos como en su relación con los demás actores. La RSE es una iniciativa de carácter voluntario.
Actualmente, hemos visto a varias empresas involucradas en proyectos sociales, considerados como importantes, toda vez que la capacidad generada que se tiene desde la iniciativa privada es clave y complementaria para el trabajo que se realiza desde otros sectores para la prevención de la violencia –en sus diferentes manifestaciones–, toda vez que, al generar oportunidades de empleo, se generan condiciones de vida más favorables.
Si nos enfocamos en un grupo específico: las mujeres, el camino que se ha recorrido para una igualdad de oportunidades en el marco laboral, ha sido sumamente importante, toda vez que, se ha demostrado que las mujeres tenemos grandes potenciales que contribuyen al crecimiento empresarial.
Sin embargo, cuando nos ponemos delante de la problemática de la violencia contra las mujeres, el papel que pueden jugar las empresas en un proceso de la promoción de la igualdad de oportunidades y condiciones de trabajo, así como para un empoderamiento necesario para su reinserción social y estabilidad económica, es vital, toda vez que, esto les permitirá una mejor calidad de vida y nuevas oportunidades, cuando han decidido o han podido romper el ciclo de violencia.
Interesante sería, que la iniciativa privada, en un rol aún más activo, se involucre de forma directa y se convierta en aliada de las organizaciones de la sociedad civil, que trabajan con mujeres sobrevivientes de violencia, para el apoyo de su proceso de reinserción social en un empoderamiento de sus derechos.
La experiencia ha mostrado, que muchas mujeres siguen viviendo dentro del círculo de la violencia por la falta de oportunidades o de apoyo para salir adelante de forma independiente con sus hijos e hijas, por lo que, vivir bajo una dependencia económica, entre otras, les impide tomar decisiones que les permita un cambio positivo para su vida.
Qué quiero decir entonces, que sería un plus dentro de las acciones de responsabilidad social empresarial que se realizan, poder generar plazas de trabajo para las mujeres que han decidido romper el ciclo de la violencia y que tienen las capacidades para optar por un trabajo que las dignifique y les permita vivir una vida libre de violencia.
Lograr esto no solo depende de un sector, sino que requiere de la participación e involucramiento activo de todos y todas para contribuir, a que en Guatemala, a más personas se les dote de capacidades para optar a una mejor calidad de vida y además se les genere de las oportunidades que se les puedan brindar desde diferentes espacios para que realmente sea efectiva.
Reconozco y valoro el trabajo que la iniciativa privada está realizando, pero invito a considerar una oportunidad de involucrarse de forma más directa en el apoyo integral a las mujeres sobrevivientes de violencia.