«Respeto…mutuo»


No es un secreto el gran amor y respeto que siento y manifiesto por Chile; moriré soñando y recordando Santiago donde tantos amores y vivencias he sentido, solo superados por mi Guatemala.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

El incidente en que se vio involucrado el embajador de Chile, don Jorge Mario Saavedra con el viceministro de Gobernación, Arnoldo Villagrán y las autoridades de la Policí­a Nacional obliga a una formal disculpa por la descortesí­a al representante de un paí­s hermano al invitarlo a un acto público, hacerlo esperar 45 minutos y no presentarse.

 

Lo que no comprendo es que el Embajador no se controlara. Más lamentable que censurar a las autoridades que no se hicieron presentes es que dijese: «Puede que por hablar esto me echen mañana de Guatemala, me da lo mismo». Con este descontrol incurrió también él en una grave falta de respeto que lo obliga a pedir públicas disculpas o a solicitar a su gobierno ser reemplazado.

 

En todas partes se cometen errores. Yo mismo sufrí­ un desaire y una serie de faltas de respeto cuando en mi carácter de Vicepresidente, en representación del Estado de Guatemala, asistí­ al cambio de mando entre el presidente Eduardo Frei y Ricardo Lagos, los cuales como ejemplo cito.

 

El dí­a de transmisión de mando arribamos en comitivas individuales al Hotel Carrera de donde salí­an los buses oficiales hacia Valparaí­so, sede de la transmisión de mando. Al llegar al hotel, funcionarios de la Cancillerí­a condujeron a los vicepresidentes de Cuba, El Salvador, Panamá y Guatemala y esposas a un autobús, a los diez minutos llegaron a pedirnos que nos cambiáramos a otro donde con los ex presidentes serí­amos transportados al acto. Al hacerlo, en la puerta del vehí­culo un funcionario de la Cancillerí­a de más edad indicó que no permitirí­a que los vicepresidentes y sus esposas abordaran el bus porque era solo para los ex presidentes. Desconcertados, los oficiales de protocolo más jóvenes y de menos rango se aturdieron y después de diez minutos nos subieron a un autobús en muy mal estado, casi lleno de heterogéneas personas, donde nos tuvimos que sentar sin consideración y protocolo.

 

Al llegar a Valparaí­so al salón del Senado y Congreso, resultó que no habí­an asientos asignados para los vicepresidentes y esposas, empezaron a buscar qué sillas estaban disponibles en la segunda fila porque algunas personas invitadas no habí­an asistido y poco a poco fueron logrando sentar a los tres vicepresidentes y esposas, salvo a mí­. Llegando el momento de iniciar el acto, me preguntaron si aceptarí­a sentarme en otro salón donde en una enorme televisión podrí­a observar el acto de toma de mando.

 

Ante este injustificable desaire, le manifesté al funcionario que preferí­a retirarme y volverme a Santiago. Ante esto, me ofrecieron colocar una silla en el pasillo para que permaneciera en el salón, en ese momento otro oficial de protocolo indicó que habí­an encontrado un espacio en la segunda fila, aunque separado de mi cónyuge, lo cual acepté considerando que era más importante evitar un incidente.

 

A mi retorno a Guatemala, invité al embajador de Chile de esa época y le manifesté lo acontecido, solicitándole que transmitiera verbalmente  las molestias y las improcedentes actitudes. En todo el mundo se cometen errores, pero la ira no debe guiarnos.