Sin duda que el respeto a la vida exige una ética que se preocupe del bienestar humano, una ética como las demás, pero que se aplique ahora al medio ambiente.
Sin embargo, en un país en donde no existe ética con el respeto a la vida y a los derechos humanos, es difícil reflexionar y accionar sobre el respeto al medio ambiente.
Y es que está por celebrarse, una vez más, el Día del Medio Ambiente. Conmemoración que para la mayoría de guatemaltecos pasa desapercibida, no así para estudiantes, especialmente de primaria debido a que en las escuelas y colegios se acostumbra organizar actos y que los alumnos escriban poesías. De ahí no pasan. Es más, en algunos centros educativos ya ni siquiera se menciona esta celebración, puesto que los administradores se preocupan más por realizar actividades lucrativas.
Es innegable que nada ha cambiado con la celebración del Día del Medio Ambiente, en las actitudes y acciones que se promueven en los centros educativos.
De ahí que algunos maestros consideran innecesarias estas actividades, sin embargo, a través de la educación y formación ambiental se pueden lograr cambios de actitudes.
Pero es innegable que no sólo los centros educativos deben participar de esta conmemoración. Es urgente que las entidades gubernamentales, ONG, y universidades vinculadas al sector lleven a cabo acciones sistematizadas que contribuyan a lograr que los jóvenes guatemaltecos asuman compromisos y roles. Si bien es cierto que en los últimos años se han conformado redes y grupos de voluntarios, es necesario llevar a cabo campañas de promoción y socialización que contribuyan a impulsar la ética ambiental.
No se necesita ser un gran ecologista o pensador, para darse cuenta que lagos y ríos, que hasta hace un par de décadas eran usados por las comunidades como fuentes de consumo, en la actualidad son focos de alta contaminación.
Los grandes desprendimientos de tierra, resultado de la tala inmoderada de árboles, por citar dos ejemplos. Por lo anterior en Guatemala se necesitan cambios fundamentales en nuestros valores, instituciones y formas de vida. Por supuesto que estos cambios sustanciales no se logran con las «trilladas» y gastadas conmemoraciones del Día del Medio Ambiente, es urgente sentar las bases para que en la educación formal avancen los programas de educación ambiental, pues de lo contrario continuarán las conmemoraciones, pero los recursos se irán acabando y nuestra calidad de vida, y la de nuestros hijos deteriorándose cada vez más.
Aunque ya se ha planteado en diversas oportunidades, no está demás recordar que la Tierra es nuestro hogar, y por lo tanto debemos contribuir a conservarla y respetarla. Ojalá que en este día del Medio Ambiente que se acerca, los padres de familia promuevan diálogos en torno al tema, puesto que la educación inicia en el hogar.