Cuando los conflictos afloran es cuando más se necesita buscar las causas de los mismos para encontrar soluciones eficaces a nuestras necesidades o carencias. Una de esas causas, talvez la que más problemas ha dado a nuestro país, es la ausencia de un foro en donde se puedan discutir con amplitud de criterio esos temas.
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Un sitio en donde cada sector de la población y cada ciudadano se pueda sentir representado, un lugar en que se reúnan políticos de altura, capaces, con experiencia y verdaderos deseos de aportar ideas, proyectos o soluciones y no para ver qué hace para reelegirse dentro de cuatro años o seguir siendo una pieza más de la maquinaria politiquera que gobierna o desea gobernar a la nación.
El ejemplo más evidente es la urgente necesidad de emitir una ley para combatir la corrupción, pues pinta de cuerpo entero a una de las más grandes insatisfacciones. No hay chapín con dos dedos de frente y una pizca de valores y principios que no repita su incapacidad de seguir soportando la porquería con que tropezamos a cada paso. La corrupción se ve, se nota, se siente en las compras, adquisiciones y contratos, en los hospitales y centros de salud, en la construcción de nuestras vías de comunicación, adentro de las fuerzas de seguridad, en lo que debieran ser nuestras sagradas instituciones educativas, en las concesiones, en la calidad y eficiencia de los servicios públicos y hasta en la cabeza organizacional y administrativa del país.
¿Qué ha hecho el Congreso para combatir un flagelo que lleva tantos años de ser una necesidad imprescindible de acabar? ¡Nada! Ni siquiera han podido cumplir con su función básica de fiscalizar al Organismo Ejecutivo, todo ha sido un largo desfile de manipulaciones y manoseos, de sesiones interrumpidas, de exhibir su pésima organización interna para que, el proceso de emisión de leyes, la principal razón o motivo de la existencia de una casa del pueblo, funcione con toda eficacia y puntualidad. Pero en vez de ir a buscar la causa de nuestros problemas para encontrarle solución, los guatemaltecos preferimos irnos por las ramas con tal de hacer mucha bulla o para satisfacer intereses puramente personales o políticos.
Resulta más fácil pedir que se le corte la cabeza a los ministros de Gobernación, Defensa Nacional, Relaciones Exteriores o al primer chivo expiatorio que se encuentre en la ruta, que entrarle a resolver las principales causas que originaron la protesta causante de la matanza. A estas alturas, Colom y sus antecesores están riéndose, tranquilos y seguros mientras el actual Presidente amanece con una crisis y al día siguiente ya tiene otra. ¿Piense un minuto, Pérez Molina es el único responsable y causante de todo o tan solo está recogiendo la funesta herencia recibida por gobernar de la mano de un Congreso corrupto, incapaz y sin ninguna legítima representación popular?