A la memoria del insigne maestro, don Pablo Garzona Nápoles.
Por disposición expresa del Ministerio de Educación, la carrera de Maestro, se transformará en un bachillerato magisterial.
Como no se escuchan razones, reclamos, negativas y más aun, apertura al diálogo, quienes tuvimos el privilegio de formarnos en uno de sus prestigiosos centros educativos, no nos queda sino silenciar nuestra voz y asistir con dolorosa resignación a su Réquiem.
Todo exnormalista debe repetir: “In memoria aetérna erit justus: ab auditióne mala non timébit”. (Eterna será la memoria del justo, no temerá la mala fama.)
La luz volverá a resplandecer de nuevo y la mala fama no será motivo que justifique su extinción.
Mantovani en su estudio los Tres problemas de la educación, resalta la importancia humana a quien va dirigida la educación y a quien hay que escuchar también. “La pedagogía presupone la idea del hombre. Necesita saber acerca de su estructura y esencia antes de señalarle fines y medios a la educación,” y lo respalda porque toda educación fundamenta su hacer en la vida del ser humano.” La voz del maestro, del padre de familia y del mismo estudiante a quien va dirigida, es necesaria “Para que sirva de base a la idea esencial de la educación.”
Nadie puede negar –por muy culto que sea y por mucha sapiencia que le adorne- que “la escuela normal, desde sus inicios filosóficos-religiosos, ha cumplido una inmensa misión en la vida de un país.” Y sorprende que cuando un país hace alarde de “democracia” –que tanto ha costado alcanzarla- prevalezca la imposición como –resabio de dictaduras y tiranías- y no se haga uso del diálogo que tantas luces ofrece.
Recuerdo que la primera reforma educativa después de la caída de la tiranía ubiquista, fue un éxito porque siendo pedagogo el presidente de la república, aprovechó el riquísimo caudal de conocimientos y la larga experiencia magisterial de la flor y nata del magisterio nacional. El éxito de esta reforma fue, sencillamente que fue consensuada. En el ella, privó el diálogo y la experiencia. La realización maestros venidos de todo el país. Cada quien aportó lo mejor de su magisterio y las escuelas normales renacieron con nuevos brillos, al extremo de invitar a jóvenes de escasos recursos económicos a que aprovecharan esa feliz oportunidad y dejaran la azada por el libro. Fue una cosecha maravillosa que le dio un nuevo impulso al magisterio nacional y las subsiguientes reformas educativas, siguieron el mismo patrón. Escuchar a los que saben y nutrirse de su experiencia, es don de humildad.
No vale la pena decir más sobre este asunto, cuando se impone la “imposición”. Basta consignar para la historia educativa, que era tanta la necesidad de que los jóvenes continuaran con sus estudios que la Municipalidad antigüeña, hizo gestiones ante el Supremo Gobierno para que autorizara la creación del Liceo Público “con facultad para otorgar el diploma de bachiller” para continuar sus estudios universitarios. Se enseñó Lógica, Aritmética, Filosofía, Gramática, Latín, bajo la dirección de don José Farfán a partir del 15 de julio de1845.
Con esta “imposición” se cierra un capítulo riquísimo de la educación magisterial de Guatemala, que arranca desde antes de 1876, . La Escuela Normal Central para Varones viene de los tiempos de Mariano Gálvez. Fue su Director el distinguido educador Santos Toruño y donde Martí acuñó la frase: “Me hiciste maestro que es hacerme creador,” Es considerada el Alma Mater de la Educación Normal de Guatemala. El libro de René González Barrios, es lectura obligada para conocer su rica trayectoria educativa. Le sigue la Escuela Normal Belén de histórica formación, bajo la dirección de la señorita Lina Sthehelin; Quezaltenango para mujeres a cargo de: Augusta de Succa; Quezaltenango para Varones bajo la dirección de: Francisco Muñóz: Chiquimula de la Sierra, fue su director: Lic. Manuel J. Urrutia y de San Marcos, Manuel Cabral. El Presidente José María Reyna Barrios, fundó el 3 de marzo de 1893, la Escuela Normal de Antigua Guatemala. A partir de entonces se fundaron otras Escuelas Normales, que su labor es reconocida por la cualidad de su personal docente-administrativo y especialmente por la calidad de sus egresados que, como otros tantos maestros, han desarrollado una labor fecunda en beneficio del país. EL INCA, Rafael Aqueche, la Escuela para Señoritas Casa Central y los Institutos Normales de Cobán –entre otros-
Los cambios en la educación exigen –por su delicada misión de tiempo y proyección- del consenso de quienes están involucrados y no sólo de una parte por mucha autoridad que tenga.
En el consenso y el diálogo, no se pierde autoridad. Al contrario, está sale reforzada. San Francisco hablaba del “justo discernimiento”, En cosas tan delicadas, la imposición no es buena consejera.
Cuando el hijo concluyó su educación primaria, le dijo a su padre que deseaba estudiar para abogado. ¡No! fue la respuesta autoritaria del padre.
Tú estudiarás para poeta. Papá, yo no tengo esa vena, esa inspiración que se necesita para ser poeta.
En esta casa quien manda soy yo y soy el que impongo lo que los hijos deben de ser.
No valieron, razones, explicaciones, justificaciones. “Aquí se hace lo que impongo yo”.
El joven tuvo que obedecer la imposición de su padre y marchó a la Capital.
Cuando se graduó, el padre levantó una gran enramada en el casco de la finca. Lo adornó con trozos de bellos poemas. Invitó a familiares, amigos y a las señoritas de las fincas aledañas.
De pronto, una de ellas dijo: Que hable el poeta. Las demás lo pidieron a coro. Y el padre se lo exigió.
El joven se puso de pie. Vio entre las ramas que nacía la luna y sacando inspiración de donde no había dijo:
“Hay viene la luna vomitando estrellas,
Ayayay… …que bellas. Ayayay…que bellas.”
Cuando el padre escuchó semejante disparate, se puso de pié y enojado, dijo:
“Hijo. Tú, cinco años en el Instituto.
Ayayay ¡que bruto!….Ayayay ¡Que bruto!