Repunte de alzas son una soga al cuello


Los meses finales de año son el escenario de dos caras para el colectivo. Prevalecen posiciones opuestas que generan motivos de penurias y de animación. Conductas humanas marcadas, resultantes de la idiosincrasia nuestra expuesta como legado generacional invariable, que goza de protagonismo evidente en medio del trají­n cotidiano.

Juan de Dios Rojas

De esa suerte gigantesca segmentos poblacionales evitan de un todo formular expectativas porque no responden a sus planes e intereses personales. Tampoco pueden constituir el tan cacareado y engañoso efecto cascada, en beneficio de la familia, siempre marginada en diversos órdenes, aquí­ y allá a la espera de cambio favorable.

Así­ las cosas queda sobreentendido que los verdaderos zarpazos demoledores, ante el repunte de alzas, son auténtica soga al cuello. Las mismas de naturaleza desaforada ponen en ascuas a la población en dicha época. Lo genera la ambición tremenda de parte del comercio y la industria, dispuestos con denuedo a incrementar su fortuna.

Quien más, quien menos, a fin de año ven el panorama oscuro y sin posibilidades de cambio inmediato. Grandes vuelcos da el corazón a una mayorí­a el itinerario arrasador de la época aludida, puesto que se visualiza con un déficit económico grande y prolongado. Los precios hasta la estratosfera los dejan con los bolsillos totalmente vací­os.

Factores de í­ndole patética se suman para propiciar un ambiente difí­cil. La canasta básica elevada a la enésima potencia, hay que añadir más zarpazos. El alza a la energí­a eléctrica, a las gasolinas y gas propano, sitúan en más pobreza a consumidores y usuarios en su orden de servicios indispensables, carentes de duda al momento y punto.

A propósito de los precios de la canasta básica, y pese a declaraciones del Instituto Nacional de Estadí­stica, continúan en ascenso, no así­ leves aumentos registrados a criterio de ese ente. La realidad muestra rostro duro dí­a a dí­a, sobre todo en mercados cantonales, súper y tiendas de barrio. Nos ubicamos por fuerza entre fantasí­as y verdades.

Los meses de fin de año, bien llamados de cuadritos, alcanzan niveles que ocasionan infartos, sin embargo, proliferan las ofertas propiciadas por un mercadeo y publicidad acentuado, que está en desequilibrio monetario, situación crí­tica que obliga a exclamar a modo de auxilio, palabras como: ¡qué cosas las de la vida, causantes de tensión!

Circunstancia significativa de nuestra dependencia acerca de las monumentales potencias del mundo. Reflejan por consiguiente el hecho innegable que vivimos a merced de una inicua explotación, posesionada desde siempre. Generadora viene a ser del menoscabo tocante al desarrollo y progreso, ahora refundido en el rincón del olvido.

Circunstancia valedera al influjo de la creciente presión de paí­ses, a la cabeza el Norte, habida cuenta que consumen demasiado gas y combustibles en la presente temporada de bajas temperaturas. Por lo tanto la fuerte demanda repercute en alzas tremebundas a nuestros paí­ses tercermundistas, entre ellos el nuestro, Guatemala.

La otra cara de la medalla, surge de cuerpo entero al instante, ajeno a valladares diversos. Consistente en el florecimiento de un estado de ánimo perceptible, como quiera que sea, de parte asimismo de la casi totalidad de compatriotas, dispuestos a echar la casa por la ventana, en forma mayúscula, para sublimar la crisis en mención.

Tradiciones reafirmadas demuestran la predisposición humana de conmemorar acontecimientos de resonancia universal a fondo, con diversas manifestaciones populares, rezados de Concepción y Guadalupe; posadas incluyentes de auténticos cortejos procesionales; la Nochebuena, Navidad y de ajuste el Año Nuevo, en jolgorio hasta el amanecer. Somos así­.