Existen múltiples explicaciones detrás de un asesinato, pero a la fecha no está claro por qué algunos van más allá, y descuartizan a sus víctimas. Los expertos en la Psiquiatría atisban sobre un fenómeno criminal del que se conocen cada vez más casos en Guatemala, y se cree que las condiciones sociales -entre las que prevalecen la inseguridad y la violencia- y la falta de un tratamiento temprano podrían ser desencadenantes de un desorden con consecuencias fatales.

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El cuerpo de Paul Eduardo Siliézar Gómez estuvo escondido por al menos tres años en un refrigerador, hasta que el 21 de julio las autoridades lo encontraron en el interior de un pozo, en pedazos.
En la investigación del polémico caso las miradas se vuelcan hacia José Morales Minervini, de 25 años, quien en agosto de 2009 habría acabado con la vida de su amigo tras una acalorada discusión.
Según los relatos de sus allegados, el joven siempre se jactó de matar animales sin necesidad, pero hasta hace poco nadie había pensado que esa extraña conducta podría replicarse con personas, y menos con alguien que conocía desde tiempo atrás.
Aunque en la investigación todavía no hay análisis o estudios sobre el estado mental del presunto responsable, emerge la duda sobre lo que pudo haber pasado por su mente cuando disparó contra Gómez, y luego, cuando lo descuartizó en el patio de su residencia.
La misma pregunta surgió en un caso no menos escalofriante, el de Edwin René Ramírez Iboy, un pandillero de la Mara 18 que por séptima vez fue detenido el pasado 28 de mayo, sindicado por descuartizar a una adolescente de 16 años.
Ese hombre, con un largo historial delictivo y cargos de asesinato, promoción y estímulo a la drogadicción y portación ilegal de armas de fuego, asesinó a la menor, pero fue más allá y cortó el cuerpo de su víctima en fragmentos, posteriormente abandonó los restos en la calle.
Estos son solo dos casos ilustrativos de varios que acontecen en Guatemala y que en ocasiones pasan desapercibidos, a pesar de que la agresividad con que se cometen no es usual en los acontecimientos violentos de todos los días.
Para la mayoría es difícil comprender lo que pasa por la mente de una persona que no se conforma con matar y todavía consigue profanar el cuerpo de su víctima, pero los expertos arrojan indicios de lo que puede ocurrir con los victimarios.
Según las estadísticas oficiales del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif), el año pasado se reportaron 75 ingresos de partes de cuerpos desmembrados, mientras que este año se han reportado 37; la ciudad capital es la que mayormente reporta estos casos. Los casos se contabilizan por el ingreso de secciones corporales, y no precisamente por cadáveres, pues en ocasiones estos no ingresan completos.
De acuerdo con Sergio Maldonado, jefe de la Unidad Forense Metropolitana del Inacif, quien tiene una larga trayectoria en el ejercicio forense, dice que a partir de 2008 los descuartizamientos destacaron en los informes de criminalidad y a la fecha son prácticas recurrentes.
De acuerdo con la Oficina del Procurador de Derechos Humanos, en 2008 se reportaron seis casos de mutilaciones y desmembramientos, mientras que de enero a octubre de 2009 se encontraron 11 cadáveres mutilados, y en 2010 fueron 21.
EL ORIGEN
Los trastornos que convierten a una persona en descuartizador pueden manifestarse desde la infancia, según Sibyl Prado, experta en psiquiatría y presidenta de la Asociación Psiquiátrica Guatemalteca, quien considera que sin un diagnóstico profesional temprano, las manifestaciones previas de una psicopatía pueden pasar desapercibidas.
“Por ejemplo, está el llamado déficit de atención e hiperactividad, que es tan famoso en estos tiempos en los niños; si de eso no se hace un buen diagnóstico y no se tiene un abordaje integral, estos niños después desarrollan un trastorno posicional desafiante, empiezan a retar a la autoridad, a consumir drogas y a tener rasgos de agresividad muy marcados que pueden desencadenar o que están enmarcados en un trastorno de estos”, refiere la profesional.
Asimismo, Prado dice que también existen casos en los que influye la personalidad y pueden ser provocados por el contexto social. “Están los trastornos de personalidad; de una familia desintegrada, de niños que están rebotando de un lado a otro, sin tener un vínculo afectivo importante. Son seres que crecen sin afecto, con cero empatía, con cero misericordia al que tienen al lado. Ellos son capaces de llegar a cruzar la línea y de poder cometer un asesinato”.
A decir de la entrevistada, en las cárceles del país pueden existir varios casos de personas con este perfil y por ello es necesario apostar por una rehabilitación y atención psiquiátrica adecuada, “que involucre a aprender un oficio, atención psiquiátrica y los mecanismos adecuados para dar los tratamientos”.
¿SE PUEDE IDENTIFICAR?
Según Prado, existen indicios para identificar a un potencial psicópata y en esos casos es necesario trabajar de forma urgente. Por ejemplo, alguien que maltrata a un animal podría continuar esta conducta posteriormente y llegar a replicarla en humanos.
“Usted ve a una persona que es torturador y maltratador de animales; allí hay un signo de alerta para nosotros, es una persona que no siente culpa. Cuando se observa ese tipo de conductas hay que investigar a esa persona, saber qué hay, saber qué pasa y referirlo a un especialista, preferentemente un psiquiatra”, dice la Presidenta de la Asociación de Psiquiatría
La experta reitera que el ambiente determina las conductas y por ello es necesario considerar varios aspectos: “Todo ser humano es producto de su ambiente biopsicosocial; si hay una persona, un gen de que ha habido asesinatos, maltratos, desintegración familiar, esta persona obviamente va a ser mucho más propensa a cometer actos de esta índole, pero si se puede ir identificando en un niño que es maltratador con los animales, tiene un aislamiento social, le cuesta relacionarse con su ambiente y generalmente ha cometido actos delictivos pequeños, los cuales han ido aumentado”, dice la psiquiatra.
A criterio de Prado, con el avance de la neuroimagen, a través de una resonancia magnética se puede identificar el problema de una persona con perfil psicópata. “Es como “rodajar” el cerebro y se compara con el de una persona normal. Se ven todas las alternaciones en depresión, en adicciones y se detecta qué campos se están activando más dentro del cerebro”, indica.
Un estudio reciente del Instituto de Psiquiatría del King’s College, de Londres, advierte que el cerebro de los psicópatas se puede distinguir, aun de los otros de criminales violentos con trastornos de personalidad antisocial y de personas sanas.
La investigación revela que con un escáner se puede identificar y diagnosticar a un subgrupo de violentos criminales que se caracterizan por la falta de empatía, pues tienen menos materia gris en el área del cerebro que sirve para entender las emociones de los demás.
En las personas con estos problemas se logra establecer su cuadro clínico con un análisis minucioso, sin embargo, en el sistema de Salud Pública de Guatemala no todos los psiquiatras tienen fácil acceso a los sistemas de resonancia. “En los pacientes se ve un agrandamiento en los ventrículos, pero esos son métodos más sofisticados y que obviamente tenemos –médicos del sector privado–, pero los que también hemos trabajado en el sector público sabemos que se consiguen pero es un trámite más difícil”, señala la entrevistada.
IDENTIFICACIÓN: VÍCTIMA
De acuerdo con Maldonado, para identificar a una víctima descuartizada es necesario realizar varios procedimientos, que en ocasiones, pueden ser complicados.
El primer paso consiste en observar que los miembros de un cuerpo correspondan a una misma persona; se trabaja con métodos de análisis visual y en ocasiones, los familiares o amigos de la víctima lo pueden constatar en base a tatuajes o cicatrices.
Si no es posible de esa forma se procede a un cotejo odontológico; se solicita su ficha al médico que le atedió y se compara con el fallecido; también se realizan análisis de huellas, archivos policíacos y datos de registro de la identidad de las personas, dice, el profesional.
“Con los mayores de edad es un poco más fácil, porque buscamos los archivos del Registro Nacional de las Personas, Policía Nacional Civil, Migración o licencias de conducir, lo utilizamos con cualquiera de esos, pero con los menores es más difícil porque no están fichados”, indica Maldonado.
El último recurso es través de la genética y para ello es necesaria la intervención de un familiar, para realizar esa comparación: “Por Ácido Desoxirribo Nucléico (ADN), buscamos a un familiar para que podamos hacer el cotejo genético; esa es la identificación, pero el reto mayor con los desmembrados como le digo primero es que las secciones correspondan a una misma persona”, explica el entrevistado.
El tiempo para identificar a la persona fallecida varía según el caso, pues en ocasiones es necesario esperar a que todos los restos de la víctima ingresen al Inacif, aunque hay casos en los que no aparecen una o varias partes.
AGRAVANTES
Según expertos consultados, el Código Penal no reconoce un descuartizamiento como tal, sino que lo tipifica como asesinato con agravantes. La pena para el delito puede de ser de entre 25 y 50 años.
Sandino Asturias, director del Centro de Estudios de Guatemala (CEG), indica que esta práctica de violencia continúa vigente.
“Esto va más allá de lo que podríamos llamar un asesinato; esa tipología criminal tiene que ver más con los vivos que con los muertos, la saña con que se trata (…) tiene que ver con conductas sociales y mensajes sociales. Lamentablemente ha sido un mecanismo que se utilizó durante el conflicto armado para dar mensajes sociales y la criminalidad los usa como mensajes de intimidación social”, dice Asturias.
El experto en temas de seguridad indica que debe prestarse atención a estos actos y buscar la manera adecuada de tipificarlo en la legislación, aunque a través del incremento de penas tampoco es la solución.
“Habrá que buscar la manera adecuada en el Código Penal para tipificarla adecuadamente, también se ha demostrado que subir las penas no evita que la criminalidad se contenga, también se ha ido comprobando que no necesariamente es así, sin embargo, si me parece que el impacto social que tiene esta naturaleza criminal, debe requerir mayor atención para las autoridades de investigación”, concluye.
Psiquiatría y Medicina Forense
SIBYL PRADO
La Presidenta de la Asociación Psiquiátrica Guatemalteca, Sibyl Prado, opina que un descuartizador puede identificarse por sus niveles de agresividad, por el maltrato hacia otros seres, la empatía y el aislamiento.
El entorno o la falta de atención de un trastorno en la niñez, son factores que deben considerarse para encontrar el origen de un descuartizador, calificado como psicópata.
SERGIO MALDONADO, jefe de la Unidad Forense Metropolitana del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif), dice que para identificar a una víctima descuartizada es necesario llevar a cabo varios procedimientos, que en ocasiones, pueden ser sumamente complicados.
De acuerdo con el doctor Maldonado, quien tiene una larga trayectoria en el Inacif y en el ejercicio forense, a partir de 2008 los descuartizamientos recrudecieron y a la fecha son permanentes.
Sandino Asturias
Centro de Estudios de Guatemala