Reprimen protesta pací­fica


Protestas. Un manifestante grita consignas contra el gobierno. (AFP / La Hora)

La junta militar en el poder en Birmania comenzó hoy a reprimir el movimiento pro democrático que agita al paí­s, disparando al aire y cargando con porras y gases lacrimógenos contra los manifestantes, según testigos.


Decenas de personas, entre ellas numerosos monjes budistas, fueron apaleados o detenidos, según los testigos. En algunos barrios, los soldados y los policí­as dispararon al aire para intentar dispersar a los manifestantes.

Por lo menos 17 monjes budistas resultaron heridos cuando la policí­a cargó con porras para dispersar a un grupo que manifestaban pací­ficamente en el barrio de la pagoda de Shwedagon en Rangún, según testigos.

Entre los heridos se encontraba un monje de 80 años, que no podí­a andar y debí­a ser llevado en brazos, y que según los testigos fue golpeado en la cabeza.

Varios testigos declararon que un monje habí­a recibido un disparo en la cabeza.

Según un diplomático francés, Emmanuel Mourier, primer consejero de la embajada francesa en Rangún, las fuerzas birmanas habrí­an disparado contra manifestantes y, casi con toda seguridad habrí­an causado heridos.

«No se puede saber si hubo varias personas heridas o muertas, pero lo cierto es que hubo derramamiento de sangre», afirmó el diplomático en Rangún, interrogado por la radio privada RTL desde Parí­s.

El partido de la opositora birmana y premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi declaró que el régimen militar habí­a cometido «un error irreparable» al atacar a manifestantes pací­ficos.

«Habí­amos advertido desde antes a las autoridades que si recurrí­an a la violencia contra las marchas de protesta pací­ficas, cometerí­an el peor y más irreparable error de la historia», indicó una declaración de la Liga Nacional para la Democracia (LND) de Aung San Suu Kyi, de 62 años de edad, en arresto domiciliario desde 2003.

En Gran Bretaña, el primer ministro Gordon Brown llamó a una reunión urgente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre la crisis en Birmania para examinar sanciones adicionales contra la junta.

La represión es «inaceptable», afirmó por su parte el secretario de Estado francés de Relaciones Europeas Jean-Pierre Jouyet.

Los primeros incidentes tuvieron lugar hacia las 12H00 locales (05H30 GMT).

Después de haber utilizado alambradas para impedir el paso a una avenida de Rangún próxima a la célebre pagoda Shwedagon, las fuerzas de seguridad birmanas cargaron contra un grupo de unos 700 manifestantes, golpeando indistintamente a monjes budistas y civiles.

Posteriormente, la policí­a y el ejército dispararon al aire y utilizaron gases lacrimógenos en el barrio de la pagoda Sule, donde miles de civiles se habí­an congregado para aplaudir a un cortejo de unos mil monjes.

Dirigiéndose a las fuerzas de seguridad, la muchedumbre gritó: «Â¡Son ustedes unos idiotas, son ustedes unos idiotas!».

Una hora más tarde, decenas de miles de personas, entre ellas monjes budistas, se reuní­an en otro punto de la ciudad, mientras los disparos de advertencia continuaban sonando en otros barrios, según los testigos.

Esta represión policial recuerda el último gran enfrentamiento entre el pueblo birmano y la junta en 1988, cuando manifestaciones similares provocaron que las fuerzas de seguridad abriesen fuego contra la multitud. Unas 3.000 personas murieron.

Enfrentados a un auge de las protestas encabezadas por los monjes budistas -unas 100.000 personas bajaron a las calles respectivamente el lunes y el martes-, los generales aprovecharon la noche del martes al miércoles para tomar medidas de intimidación.

Responsables gubernamentales, encaramados en camiones que recorrí­an Rangún, anunciaron por altavoces un toque de queda que a partir de ahora estará en vigor entre las 21H00 y las 05H00 locales (de 14H30 a 22H30 GMT).

La principal ciudad de Birmania fue asimismo puesta en régimen de acceso restringido, un estatuto especial similar al estado de emergencia. Mandalay, segunda ciudad de Birmania, situada en el centro del paí­s, fue objeto de las mismas restricciones.

Soldados birmanos se desplegaron asimismo frente al cuartel general de la LND.

Durante la noche, dos personalidades que apoyan al movimiento de protesta de los bonzos fueron detenidas en sus domicilios. Se trata de Zaganar, el más famosos de los actores birmanos, y de Win Naing, un polí­tico moderado.

Cuatro muertos

Al menos cuatro personas, entre ellas tres monjes budistas, murieron durante las manifestaciones en favor de la democracia en Birmania reprimidas por las fuerzas de seguridad, mientras que el número de heridos ascendí­a a un centenar, informaron a la AFP responsables birmanos.

Al menos unas 200 personas fueron detenidas, la mitad de ellas monjes, según una fuente diplomática occidental y testigos presenciales.

La muerte de un civil por disparos fue comunicada a la AFP por el responsable de un hospital. «La ví­ctima estaba muerta al llegar al hospital», explicó ese responsable bajo cubierto de anonimato, porque no estaba autorizado a hablar con la prensa.

«Según las informaciones que hemos recibido, al menos tres monjes murieron», explicó además por otro lado otra fuente oficial también bajo anonimato.

Uno de los bonzos murió cuando intentaba desarmar a un soldado, y otros dos fueron apaleados hasta la muerte, declaró esa fuente oficial.

Otros tres civiles fueron heridos de bala por las fuerzas de seguridad, precisó esa fuente.

Entre ellos figura una mujer que recibió un disparo en el pecho.

El balance de los monjes muertos fue precisado por una segunda fuente oficial, que indicó que las muertes se produjeron en la célebre pagoda de Shwedagon, punto de reunión de los monjes que desfilaron cada dí­a desde el 18 de septiembre en Rangún.

La junta militar en Birmania anunció el martes un toque de queda en Rangún y la segunda ciudad del paí­s, Mandalay, y advirtió que no consentirí­a ninguna concentración superior a cinco personas.

A pesar de ello, decenas de miles de personas lideradas por los monjes budistas volvieron a salir a las calles para exigir libertades públicas al régimen militar.

Las fuerzas de seguridad disolvieron las manifestaciones con porras, gases lacrimógenos e incluso disparos al aire.