Renunciando al debate


Editorial_LH

El presidente Otto Pérez Molina ha anunciado que se quiere apartar de cualquier relación con la discusión sobre el tema de la reelección y/o la ampliación del mandato de cuatro a seis años, ya que considera que todo se ha convertido en, según sus palabras, un circo en lugar de un foro de construcción adecuado.


Lamentando la percepción que tiene el mandatario, la mejor forma para evitar que se haga un circo de un tema tan delicado es que se pongan todas las cartas sobre la mesa para que se toque con apertura total y con intenciones claras lo que se quiere hacer de parte del Ejecutivo y de las personas que les apoyan.

  El liderazgo de un Presidente debe ser suficiente como para plantear el tema de discusión de reformas estructurales del Estado. Si, como en este caso, se tiene que hablar y discutir sobre temas que influyen directamente a la administración ejecutiva, la forma más sencilla de transparentar el tema es exigiendo como requisito que cualquier medida que se adopte, no afecte a las actuales autoridades y, muy importante, de decisiones que legalmente son viables y no rompiendo la ley.

  Tiene razón el Presidente al decir que el tema tomó caminos distintos, pero es culpa de no haber contado con los elementos auténticos de lo que se está planteando el Ejecutivo.

  Lo que no queda duda es que el Estado de Guatemala necesita una reforma, no necesariamente constitucional, pero una modificación real que venga a poner al servicio de los ciudadanos la operación de las instituciones.  Es el momento en que la reforma pase por tener objetivos claros como, primero, la correcta generación y distribución de oportunidades; políticas de desarrollo  que vengan a derrotar la costumbre de la pobreza que nos condena; una guerra frontal contra la corrupción que genera la impunidad y que, en el fondo, es lo que termina facilitando la cultura de violencia en que se vive porque no hay institución de persecución penal fuerte.

  Somos un país con muchas capacidades, pero todas orientadas hacia unos pocos. Es por ello que la reforma que se requiere es la que haga que nuestro aparato privilegie al ciudadano común y corriente y no al vivo que se apuntó a tiempo a participar en política como candidato o como financista.

   Ojalá y la discusión nos pueda llevar a que en una mesa seria, no circense, se pongan las cartas sobre la mesa para hablar de los temas que la ley permite. No se construye Nación, tomando atajos.
 
   
Minutero
Ya perdieron el debate
y ahora hacen un regate;
si no valen las razones
a lo mejor los cojones