Renovadas y cautelosas esperanzas


Cuando usted lea estos apuntes, ya habrá tomado posesión de la Presidencia de la República el ciudadano ílvaro Colom, y con él a la cabeza se inicia un nuevo perí­odo gubernamental que, asimismo, podrí­a significar un ciclo diferente en la vida nacional, porque se vuelven a levantar cautelosas esperanzas, como ha ocurrido cada cuatro años, especialmente con los presidentes Vinicio Cerezo y Alfonso Portillo, en lo que respecta a las expectativas de los sectores populares.

Eduardo Villatoro
eduardo@villatoro.com

Hay suficientes razones para esperar que ocurra un cambio en la conducción de los destinos del paí­s, si se convierten en realidad los planteamientos formulados por el nuevo gobernante en su calidad de presidente electo; pero también existen justificadas dudas acerca de lo que puede esperarse de la nueva administración presidencial, si se toma en consideración, lo sucedido durante los gobiernos de Cerezo y Portillo, que, en su momento, levantaron oleadas de ilusiones entre las masas desheredadas de la fortuna y de oportunidades.

Probablemente fue el presidente Cerezo quien más interés indujo entre la mayorí­a de los guatemaltecos, incluso en los grupos económicos poderosos y las fuerzas conservadoras, pues Guatemala salí­a de un largo y sangriento perí­odo de gobiernos militares que se encargaron de reprimir cualquier movimiento de protesta, por tí­mido que fuera, y que exterminaron vidas sueños y esperanzas.

Infortunadamente, el entonces joven lí­der de la desaparecida Democracia Cristiana Guatemalteca no pudo realizar los cambios que se esperaban, porque encontró la férrea resistencia de la oligarquí­a y de los poderes ocultos, fuera de que se abandonó en brazos de la frivolidad, su gobierno no fue el sí­mbolo del fracaso como sus detractores lo han calificado, especialmente porque inicio el proceso de negociaciones que condujo a la conclusión de la guerra interna y alentó la expresión de todas las corrientes.

Caso distinto el del presidente Portillo, porque desde inicios de su mandato se vio envuelto en actos de corrupción, que fue la caracterí­stica de su régimen, sin haber respondido a los reclamos de los sectores populares que lo condujeron al poder con la confianza de que atenderí­a sus demandas, en vista de que estaba más interesado en enriquecerse que en satisfacer las necesidades de la población.

La corrupción siguió campante durante el gobierno del presidente í“scar Berger, sólo que en una forma menos burda, mientras que se acrecentó la violencia criminal, angustioso fenómeno al que deberá hacer frente el gobierno del presidente Colom, al igual que está obligado a atender los reclamos de los sectores sociales más vulnerables, como lo ha venido anunciado; además de adoptar una polí­tica exterior menos dependiente de Estados Unidos, sin temor de estrechar los lazos de amistad y cooperación con el sur del continente americano, además de tomar otras decisiones propias de la social democracia, imposible de abordar en este espacio, pero que el nuevo mandatario ha pregonado con buena dosis de esperanza.

Que así­ sea por el bien de Guatemala.

(Romualdo Hatheo asegura que un polí­tico socialdemócrata es un marxista arrepentido que presume de no creer en Dios, pero con la certeza de que el Creador no se lo crea).