Para algunos analistas las próximas elecciones en los Estados Unidos serán las elecciones de la recesión. Según la prestigiosa revista TIME, el virtual candidato republicano (hasta que no sea proclamado por la Asamblea) plantea un equilibrio presupuestario sin entrar en mayores consideraciones, solamente hablando de pequeños recortes en gastos considerados como no necesarios. Por otro lado el también virtual candidato demócrata propone un conocimiento o manejo más apropiado sobre los cambios en las conversaciones económicas, refiriéndose a la implementación de un nuevo estilo en el relacionamiento económico entre las fuerzas que integran el conglomerado financiero que sostiene a los Estados Unidos.
A lo largo de estos años de formación y de ejercicio me cuesta aun distinguir la línea imperceptible que separa el matrimonio indivisible de la economía y la política, por ello ambos temas me apasionan y cuando descubro algún articulo relacionado, luego de leer e indagar sobre el tema procuro mis propias consideraciones. He de continuar comentando que en los Estados Unidos, ambos candidatos se dejan asesorar en el campo económico por los mejores equipos afines, dentro de los que se cuentan ex funcionarios, académicos de prestigiosos centros universitarios, presidentes de firmas internacionales y altos ejecutivos de transnacionales. Esto dentro del sistema estadounidense es visto con buenos ojos por los electores, por cuanto genera mayor certidumbre sobre el tema que sin duda habrá de ocupar los escenarios de los debates entre los contendientes.
Esta será la elección de la economía, a diferencia de las elecciones de hace 4 años en donde prevalecía el tema de seguridad estratégica, repito éstas serán como bien dice TIME las elecciones del debate económico.
Pero ¿A que viene el título de la presente columna con el debate económico en las elecciones de los Estados Unidos? Precisamente uno de los considerados gurú de la economía americana, el icono de los últimos años y que ha suscitado debates por sus increíbles hazañas en el campo tecnológico y económico, Bill Gates, colocaba nuevamente en el ojo del huracán, en una especie de Tercera Vía, al estilo de los reformistas ingleses, el tema de cómo arreglar el capitalismo, que según Gates habría que revisar no solamente desde su concepción teórica sino también desde su aplicación práctica, es decir pasar de hacerlo bien a hacer el bien.
Gates denomina a esta teoría como la del capitalismo creativo, teoría que ha estado presente en nuestras vidas sin darnos cuenta desde hace varios siglos, partiendo de 1799 en Escocia y el retorno del 5%% como beneficios a los trabajadores pasando por John Cadbury, Carnegie, Ford, Rockefeller, Friedman, hasta el caso más reciente, el de Muhammad Yunus y el Banco de los Pobres.
Al considerar estos elementos de forma más que sucinta por el espacio y al considerar las grandes transformaciones sociales como he anticipado en mis artículos anteriores, motivado obviamente por ese desplazamiento frontal y no curvilíneo de la economía mundial, surgen en obviedad nuevos planteamientos políticos y teóricos que intentarán arreglar «fix» el modelo.
Si me lo permite, al hablar de capitalismo creativo ¿podríamos considerar entonces que hasta el momento no lo ha sido? Si revisamos las cuentas del modelo rápidamente llegaríamos a la conclusión que el modelo capitalista como se ha planteado hasta el momento ha cumplido, pero con el capital y aquí surge otra interrogante de concepción filosófica si se quiere, ¿deben los modelos económicos corresponder a la sociedad o sus propios intereses? Sobre esta base elaboraríamos entonces consideraciones que nos llevarían a deducir con facilidad el porqué más de la mitad de la población del planeta vive en condiciones de pobreza y pobreza extrema. Esto en definitiva es una responsabilidad compartida, no es el momento de apedrear un modelo, es a lo mejor el momento para reinventar, para replantear el mundo que queremos. Aplaudo la idea de una revisión del modelo capitalista, aplaudo la idea de una revisión profunda de las teorías económicas, dejando de lado el maquillaje y entrando en profundidad en consideraciones conceptuales, teóricas y ante todo prácticas que se traduzca en desarrollo, tema profundo que contiene connotaciones económicas y sociales y es a lo mejor hacia donde Bill Gates nos quiere empujar; como el software de los ochentas, habrá que esperar el resultado del programa.