Rehén de una guerra de influencias


Sacudida entre tribunales, autos policiales y prisiones, Paris Hilton se encuentra atrapada por su celebridad, y en una guerra entre el sheriff de Los Angeles que apoya su liberación y la fiscalí­a que insiste en que la emblemática prisionera cumpla su pena.


El viernes, en un nuevo capí­tulo en la trama de un affaire que tiene a los medios estadounidenses embelesados, el fiscal de Los Angeles logró que el juez Michael Sauer reenviara a la joven tras las rejas, un dí­a después de su liberación anticipada, decretada por el departamento del sheriff.

La heredera del emporio hotelero, autorizada tras tres dí­as a purgar el resto de su condena de 45 dí­as en prisión domiciliaria con un brazalete electrónico, no pudo pasar más de 30 horas en su mansión en West Hollywood (noroeste de Los Angeles), cuando ya el fiscal Rocky Delgadillo logró devolverla a prisión.

Sin nombrar al sheriff, Delgadillo, un legislador que ya intentó convertirse en ministro de Justicia de California, afirmó que «si las fuerzas del orden quieren ser respetadas por aquellos que estamos encargados de proteger, no podemos tolerar un sistema carcelario de dos caras, en el que los ricos y poderosos son tratados especialmente».

Pero el viernes, el sheriff Lee Baca replicó que Paris Hilton, a quien permitió abandonar la cárcel e ir a su casa, «no debe ser tratada como un balón de fútbol judicial», al afirmar que las razones de salud alegadas para justificar su liberación son reales.

La salida de la prisión de Paris Hilton provocó la furia de polí­ticos, portavoces de la comunidad negra y de un sindicato de policí­as, que denunciaron unánimemente un caso de favoritismo.

Pero Baca recordó que para aliviar la sobrepoblación carcelaria en Los Angeles los detenidos no peligrosos y condenados a penas leves pueden ser liberados tras haber cumplido 10% de la pena.

«Se está desarrollando una batalla» entre el sheriff de una parte y el juez y el fiscal de la otra, indicó Jean Rosenbluth, profesora de Derecho de la Universidad de California en el sur de Los Angeles.

El sheriff tiene total libertad para manejar la población carcelaria, pero «el juez dijo claramente que no querí­a» monitoreo electrónico, indicó la profesora, al estimar que la celebridad de Paris Hilton jugó en su contra.

«En este caso, sobretodo por quien es Paris Hilton, el juez quiso enviar un mensaje fuerte. Si esto mismo hubiera sucedido con alguien que no es una celebridad, hubiera sido raro que un juez sostuviera esta audiencia para regresarla a prisión», subrayó.

Pero no es que Hilton sea una ví­ctima, señaló Rosenbluth. «Ella está atrapada en el medio, pero ella se colocó en esta posición al violar su libertad condicional, y creo que hay una base legí­tima para dar un castigo severo a gente que es observada por el mundo entero» como un ejemplo, dijo.

Paris Hilton es de hecho una de las mujeres más fotografiadas del mundo, llenando páginas y páginas de revistas. Todas las televisoras informativas estadounidenses transmitieron el viernes su caso, relegando a un segundo plano el reemplazo del jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos.

«Las televisoras cubrieron este evento como el 11 de septiembre», se mofó Joel Stratte-McClure, cronista de la vida de los ricos y famosos en Los Angeles Daily News.

«La justicia debe ser la misma para todos. No obstante, se vuelve difí­cil cuando cumplir una sentencia de 23 dí­as de cárcel se convierte en un caso célebre», apuntó Robert Thompson, profesor de televisión de la Universidad de Syracuse (Nueva York, este).