Inteligentemente, los banqueros que pretenden rescatar la confianza de los ciudadanos con base en actos de honorabilidad, decidieron por iniciativa propia fortalecer el FOPA que fue consumido por los malos manejos en el Banco del Café y en el Banco de Comercio. Indudablemente ello ayudará bastante porque el usuario del sistema sabrá que en caso de otra crisis, hay recursos de respaldo para cubrir por lo menos los 20 mil quetzales por cuenta que garantiza ese fondo.
Sin embargo, pensamos que el punto crucial para restablecer la confianza está en la prueba que debe pasar el sistema judicial guatemalteco para aplicar la justicia a los responsables de los malos manejos y en la recuperación que debe hacerse del dinero de los clientes. Porque sólo en la medida en que se establezca plenamente que quien la hace la paga, el guatemalteco podrá ir recuperando la confianza perdida. No olvidemos que construir la confianza es tarea de años, de décadas y a veces de siglos. Pero destruirla es cuestión de segundos porque basta un acto lesivo para que todo el esfuerzo realizado a lo largo de vidas enteras para generar niveles altos de confianza desaparezcan y, de paso, justos paguen por pecadores porque los sentimientos de temor de la población no reparan en distingos.
Mal hacen los que ahora tratan de responsabilizar al cliente por las pérdidas, diciendo que si ellos confiaron en esos bancos y corrieron el riesgo es problema del usuario. Ello no contribuye a generar confianza sino que aumenta la desconfianza porque ahora la gente, ante tal recomendación que hacen los más conservadores de los conservadores, pareciera como si no hay chance de confiar en nada ni en nadie porque el sistema no tiene mecanismos de alerta ni de defensa.
El papel de la Superintendencia de Bancos tiene que cambiar radicalmente si queremos construir confianza y el mismo tiene que incluir acciones preventivas y de investigación para impedir que malos elementos, que nunca van a desaparecer, sigan haciendo de las suyas utilizando al sistema bancario como parapeto para sus saqueos.
Reforzar el FOPA y suscribir un compromiso público de limitar sus actividades a lo que la ley permite es un buen paso, pero no suficiente para restablecer confianza si el sistema no se depura a sí mismo mediante la adopción de medidas para hacer viable la fiscalización efectiva y la sanción correctiva. Sanción que debe ser penal, pero también civil para impedir que los ladrones se queden con el dinero ajeno. De no existir ese tipo de acciones, el arca permanecerá abierta y en esas condiciones no se puede confiar en nada ni en nadie. Los nombres dejaron de ser garantía porque unos cuantos no tuvieron empacho para ensuciar los propios y por ello hace falta más que palabras.