Después de seis procesos electorales construyendo democracia representativa, (1986/2012) el sistema político vigente, diseñado a partir de la LEY ELECTORAL y de PARTIDOS POLÍTICOS (Decreto número 1-85), ha mostrado la necesidad de replantear a partir de un debate abierto y participativo, la discusión ciudadana sobre la reforma al sistema político vigente.
Un sistema caracterizado por la discriminación, el racismo y la exclusión de mujeres, jóvenes y pueblos indígenas, sectores ciudadanos a los que se veda el ejercicio y realización de derechos humanos civiles y políticos. Las pasadas elecciones, volvieron a desnudar las deficiencias, omisiones, debilidades y sobre todo, las violaciones sistemáticas a la normativa constitucional y electoral.
Tanto la ciudadanía, como la clase política del país, entendemos (en mi condición de ciudadano) que el actual sistema político cada día está más cuestionado, en creciente crisis, lo cual lleva a la conclusión que éste debe reformarse. El proceso de discusión sobre las citadas reformas debe abrirse a todos los sectores ciudadanos, debe ser inclusivo, no excluyente como es lo que hasta ahora parece, pues es la misma clase política del país la que está convencida de modificar el estado de cosas, pero lo están haciendo a puerta cerrada, así se desprende al menos, por las encerronas que algunos diputados están promoviendo. Es el caso de la convocatoria hecha por el congresista Roberto Alejos, ex presidente del Legislativo, quien esta misma semana, reunió en un céntrico hotel a miembros de su bancada y algunos técnicos y académicos, con quienes compartieron las inquietudes iniciales sobre este sensitivo asunto.
Si esa es la actitud de los políticos, entonces la ciudadanía organizada debe estar alerta para exigir ser tomada en cuenta en este debate, no es aceptable que se decidan las reformas al margen de la opinión ciudadana que tiene mucho que decir y aportar, sobre todo porque es bueno recordar que la estructura histórica de la sociedad guatemalteca es patriarcal y con una fuerte cultura machista y misógina que desde su génesis excluye a las mujeres, una situación similar ocurre con los jóvenes y los pueblos indígenas a quienes también excluye el sistema político vigente.
Hasta ahora, la cultura política existente es un obstáculo ideológico que impide la participación libre en condiciones de igualdad de los sectores excluidos que ya mencioné. Por ejemplo, predominan ideas que desvalorizan la participación de las mujeres, los jóvenes y los pueblos indígenas, disminuyendo su capacidad de representación. También los criterios dominados por prejuicios, estigmas y estereotipos en los que se encasilla a los sectores ciudadanos mencionados, son otros mecanismos por medio de los cuales opera la exclusión y por tanto se frena su participación política. Todo esto debe cambiar para superar los rasgos racistas y discriminatorios que por ahora se observan en el sistema político vigente, que me parece obsoleto y por tanto, resulta obligada su revisión y reforma profunda.
Así que ya lo saben, el debate por la reforma del sistema político se ha iniciado entre políticos y a puerta cerrada; hay que estar atentos, romper el muro de la exclusión y exigir que la discusión se abra, que se tomen en cuenta las opiniones y propuestas que en ese sentido tienen las mujeres, los pueblos indígenas y los jóvenes. Los ciudadanos tenemos derecho a ser escuchados.
Reuniones promovidas a puerta cerrada por el diputado R. Alejos.
Exclusión y cierre de espacios para la participación social.