El modelo de democracia actual, ha sido excluyente y poco igualitario, especialmente con las mujeres, que han sido relegadas al ámbito de lo privado, del cuidado de la familia y del hogar, siendo el ámbito de lo público, del Estado, de la política, exclusivamente de los hombres. Las mujeres que de una u otra forma traspasan estos límites, se convierten en transgresoras del orden establecido y en la mayoría de casos son criticadas o poco valoradas.
En este sentido, la reforma política con equidad de género, es una cuestión impostergable relacionada con una verdadera conciencia democrática y de justicia social y sexual, que implica la deconstrucción del orden patriarcal del Estado y de los poderes en los diversos ámbitos. El fundamento de la misma se debe basar en el reconocimiento de la exclusión histórica de las mujeres y en la necesidad de cerrar las brechas de género.
Aunado a lo anterior, la reforma política debe considerar mecanismos o estrategias contra la discriminación y exclusión que sufren las mujeres, específicamente en los ámbitos de la ciudadanía y de los partidos políticos.
En el ámbito de la ciudadanía, la reforma debe enfocarse en el desarrollo de las capacidades que les permitan a las mujeres convertirse en agentes de su propio destino, ya sea de forma individual o colectiva. Esto se refiere a la libertad que deben tener las personas para tomar decisiones en asuntos que afectan su vida e influir en el desarrollo de sus propias comunidades y del país. El desarrollo de una verdadera ciudadanía se encuentra muy ligada al empoderamiento. En este sentido, la ciudadanía debe convertirse en una variable fundamental para legitimar la legalidad del gobierno, el funcionamiento de sus instituciones y para aceptar la representación de sus funcionarios.
En el ámbito de los partidos políticos, las reformas deben ir enfocadas a modificar prácticas y leyes que limitan la participación política de las mujeres. En este sentido es fundamental que la reforma del sistema electoral incorpore la paridad o las cuotas de representación política que permitan la representación equilibrada entre hombres y mujeres. De igual manera, la reforma debe modificar el carácter privado del financiamiento de los partidos políticos así como establecer un porcentaje determinado para las secretarías de la mujer de los partidos políticos y las candidatas mujeres. En términos generales, resulta impostergable una reforma democrática y profunda del sistema de partidos políticos del país.
Sin embargo, más allá de la reforma política que puede llegar en el corto o en el largo plazo, el inicio de un nuevo gobierno y de una nueva legislatura puede significar avances o retrocesos en este proceso. En este contexto, son los partidos políticos los llamados a iniciar procesos de reforma verdaderamente democráticos y con equidad de género a nivel interno y en sus prácticas diarias tanto en el gobierno como en la oposición.
La sociedad en general debe vigilar con lupa a los partidos políticos para que los discursos y compromisos que fueron “el pan de cada día” durante el proceso electoral recién pasado se conviertan en realidades y en el inicio de una verdadera y profunda reforma política del Estado.