No podemos pasar por la universidad al margen de los problemas del pueblo,
Salvador Allende
Ayer, con el panel «Reforma o Revolución Universitaria», iniciaron las actividades de la Mesa de Educación Superior «Oliverio Castañeda de León», organizada por el Grupo Político Estudiantil MASA. Esta actividad se realiza como parte del III Foro Social Américas que se desarrolla en el Campus Central de la Universidad de San Carlos de Guatemala.
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La discusión de la situación actual de la Usac es interesante desde cualquier punto de vista, y lo es más cuando se propone reflexionar sobre la importancia de la Autonomía Universitaria a finales de la primera década del siglo XXI.
El concepto de la autonomía para la educación pública superior fue propuesto por los estudiantes que participaron en la Reforma de Córdova, Argentina, en 1918. Entre los principales puntos del planteamiento se encontraban el cogobierno, concursos de oposición para la selección del profesorado, docencia libre, gratuidad de la enseñanza, democratización del ingreso, fortalecimiento de la función social, proyección de la cultura universitaria al pueblo, preocupación por los problemas nacionales mediante la extensión universitaria y lucha contra las dictaduras y el imperialismo.
En noviembre de 1944, la Junta Revolucionaria de Gobierno concedió la autonomía a la Usac por dos razones principales: como muestra de reconocimiento a los estudiantes y catedráticos que participaron en el movimiento revolucionario y por la necesidad de contar con una institución que, a través de la investigación científica, formara profesionales capaces de conducir al país por un nuevo camino de democracia.
La reflexión sobre la utilidad de la autonomía universitaria en la actualidad es obligada si tomamos en cuenta que el sistema económico imperante, definido como neoliberal, excluyente y racista, entre otras cosas, impulsa la transformación del individuo de su condición de ciudadano a consumidor.
Nuestro sistema de educación pública superior, representado exclusivamente por la Usac, se encuentra diseñado para excluir a la mayoría de la población. La intención de construir una universidad de masas se ha opacado por las políticas que imponen a la universidad de élites, con miras a la formación de empleados para el sector empresarial y no de sujetos políticos capaces de impulsar el cambio económico, político y social en el país.
De ahí la importancia de la autonomía como una herramienta que permite la organización y participación estudiantil, docente y profesional en las principales instituciones universitarias. El primer paso es asumir el compromiso de estudio, trabajo y lucha por la recuperación de los espacios de la Usac que la derecha ha logrado invadir. Entonces, podremos lograr la reforma o revolución universitaria, el proceso que encaminará a la institución a atender los problemas actuales de la sociedad.