Reflexiones cristianas


Ese Domingo de Ramos Jesús ingresó a la ciudad seguido de decenas de personas que lo aclamaban. Ingresó subido en un animalito noble, manso, de trabajo; entró montado en un burrito, no en un caballo, pues dicho animal lo usaban para guerrear. Entró a Jerusalén, en son de paz, no de guerra. No entró como un gran héroe militar, pero la gente lo avivó… aunque esa misma gente, pocos dí­as, después, exigió públicamente que lo crucificaran. Así­ se cumplió la profecí­a.

Ramiro Mac Donald
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Siempre me ha apasionado esa parte de la historia de Jesús. í‰l estaba consciente de lo que se le veí­a encima: ese domingo, ayer hace un par de milenios. í‰l conocí­a que empezaba su calvario, su camino directo a la cruz, el inicio del fin. Y no se acobardó: siguió adelante, con su firme travesí­a profética,

Entró a Jerusalén, para dar paso a lo que sabí­a que tení­a que suceder. Siempre me ha parecido, además de la fe que le tengo, un hombre extraordinario, un ser que estará siempre por encima de cualquier otro. Porque nunca quiso el poder polí­tico, porque todo su poder emana del amor a sus semejantes, no a las posesiones materiales que pueda darle el ejercicio del poder terrenal. No se ensució las manos con el ejercicio de lo pasajero. í‰l era trascendente… no un vulgar asalta escaños o puestos gubernamentales.

Estar cerca de él, seguramente, fue algo inigualable. Ayer el sacerdote en misa, dijo que uno se puede sentir cerca de Jesús, de muchas formas. Una de ellas fue la de José de Arimatea, que tuvo el valor de ir a solicitar a las autoridades romanas, que le dieran el cuerpo inerte de Jesús. ¡Que pantalones tuvo, aquel discí­pulo! Cuando nadie querí­a saber nada del revoltoso ese, muerto en la cruz, él se atrevió a descubrirse como seguidor del maestro y solicitar los despojos del crucificado? para darle una decente sepultura.

Me imagino que todos los que estaban cerca de Jesús andaban escondidos, otros huyendo y nadie querí­a identificarse como cercano a su grupo. Y fue ese José, un hombre anodino, quien tuvo el valor de llegar a pedir lo más preciado para ellos: el cuerpo del gran predicador. Le solicitó a Poncio Pilatos que le permitiera dar sepultura al cuerpo de Jesús.

José de Arimatea fue quien desclavó el cuerpo de la cruz, lo bajó y lo sepultó en una tumba de su propiedad, un sepulcro nuevo, recién excavado en la roca, donde hoy se encuentra la basí­lica del Santo Sepulcro. Dice la tradición que envolvieron el cuerpo de Jesús en lienzos de lino y lo colocaron una gran piedra en la entrada, de la tumba. Por esta acción, los cristianos lo tenemos como el patrono de embalsamadores, y su santoral se festeja el 17 de marzo. También se le reconoce haber ocupado un lugar especial, cuando falleció José, su padre putativo, esposo de Marí­a y haber cumplido a cabalidad en la temprana formación de Jesús, por lo que no era un desconocido.

José de Arimatea, era tí­o de de Marí­a, la madre de Jesús. Se estima que él fue quien recogió el Santo Grial del Sepulcro y el Santo Sudario. Así­ que ese valor tardí­o, le habrí­a sido recompensado con creces, porque tiene un lugar histórico muy importante. Como muchos hombres y mujeres del pueblo, que hacen cosas o actos de valor por la que serán recordadas toda la vida.

Así­ también, por estos dí­as cuando rezo, me pongo a pensar en Poncio Pilatos, porque donde haya un cristiano, se recordará eternamente el deslucido papel que tuvo en la historia del cristianismo, porque pudo salvar al Salvador, y no lo hizo, por su apego al poder polí­tico que ostentaba.

Estas son reflexiones, a propósito del inicio de la Semana Santa, una época que siempre me obliga a sentirme más cerca del mensaje cristiano de amar a la humanidad. Y solicitar a todos los guatemaltecos, este Viernes Santo, un minuto para pedirle a Jesucristo, que nos brinde valor y fuerza, aunque sea como la de José de Arimatea, tardí­amente, para luchar por la paz y que por fin cese la violencia en Guatemala.