Reflejo de la mediocridad


Nunca como anoche, una Selección Nacional de Futbol ha sido tan fiel reflejo de lo que somos los guatemaltecos y nuestras instituciones. Escuchando la narración de dos locutores extranjeros, de los que no están pagados para alabar a nuestros futbolistas y especialmente a los dirigentes deportivos, sentimos pena y vergí¼enza porque no se anduvieron con chiquitas para describir la inutilidad de los jugadores guatemaltecos.


Y como pasa con todo en el paí­s, no dejamos de ser culpables los que aceptamos como inevitable nuestra desgracia. Tenemos dirigentes de una federación que no tienen pena ni rubor por el pobre papelón que fue a hacer nuestra selección, de la misma manera que tenemos gobernantes que no se sienten avergonzados porque el Estado no puede ni siquiera cumplir con el deber de proveer seguridad a los ciudadanos. Tenemos un entrenador que no cree que ha fracasado, de la misma manera que tenemos ministros y directores generales que se sienten satisfechos con lo que pueden hacer con los recursos que tienen.

La Selección Nacional de Futbol fue una muestra absoluta de la mediocridad que nos domina, de la absoluta incapacidad que tenemos como colectivo para enfrentar desafí­os y retos. Así­ como los jugadores entretuvieron la pelota de manera intrascendente a pesar de que tení­an superioridad numérica, así­ nuestros lí­deres dejan pasar el tiempo sabiendo que los problemas nos van a rebasar.

Guatemala es un paí­s que necesita cirugí­a mayor, que necesita una reforma profunda del Estado y no del tipo que proponen los neoliberales, sino de una reforma que fortalezca las instituciones para garantizar el fin de privilegios y el imperio del Estado de Derecho. Lamentablemente si vemos la pobreza, la mediocridad y la desgracia del paí­s a la luz del Estado que se muestra fallido no parecemos convencernos de cuán mal andamos, pero acaso viéndonos reflejados en la inutilidad de los futbolistas, de sus entrenadores y de sus dirigentes, entendamos que aquí­ ya no podemos seguir aguantando la situación.

Triste decirlo, pero si en todo somos una porquerí­a, a cuenta de qué el futbol va a ser diferente. Allí­ también medran unos pocos y en general descuidamos las cuestiones estructurales, los cambios importantes y de fondo porque mientras mamen bien los que pueden sacar raja, nadie moverá un dedo para mejorar las cosas. No es que una derrota deprima, sino que la derrota desnuda nuestra proverbial mediocridad y conformismo con todo. Mientras sigamos siendo y actuando así­ como paí­s y como sociedad, lo único que cosecharemos en deporte y en el desarrollo nacional será lo mismo: agudizar la crisis hasta que provoquemos un reventón, si es que nos libramos de nuestra sangre de horchata.