Reencuentros de posguerra


Los hermanos Vicenta y Aparicio López, se encontraron después de 27 años. La familia López se desintegró por razones de la guerra interna.

Era una tarde de fiesta en la aldea Agua Escondida, ubicada en Las Huistas, Huehuetenango, corrí­a el año de 1980, la guerra interna vivida en el paí­s se encontraba en uno de sus momentos más elevados, la familia López Aguilar desconocí­a que aquella tarde serí­a la última que vivirí­an juntos.

Elmer Telon
etelon@lahora.com.gt

Un total de cinco hermanos conformaban la descendencia de los López Aguilar, quienes para su supervivencia se dedicaban principalmente a la agricultura y crianza de animales, además de atravesar de vez en cuando la frontera mexicana, a donde acudí­an a la temporada del corte de café.

Los rumores de hechos de violencia de parte del Ejército en contra de poblaciones indí­genas circulaban en la región, «aquel dí­a salimos huyendo por que un amigo de la familia nos contó que habí­a unos militares matando gente», narra Margarito López.

«A nosotros nos dio tiempo de huir hacia la montaña, ya en lo alto vimos cómo el fuego ardí­a en las casas de la comunidad y gente vestida de civil mataba a otros paisanos», relata Vicenta López, quien en aquel entonces únicamente contaba con 14 años de edad.

Según narración de los hermanos López, estando ya en la montaña se percataron que una patrulla militar se encontraba cerca de ellos, razón por la cual emprendieron otro escape desesperado por salvar su vida, en ese momento de angustia se dio la separación de toda la familia.

Desde aquel entonces no supieron nada de sus familiares, y vivieron con la incertidumbre si viví­an o no, los hermanos López volvieron a Guatemala en los años 1993 y 1997 respectivamente, sin conocer el paradero de los demás miembros de su familia.

Fue hasta esta mañana, cuando los hermanos Margarito, ahora de cuarenta y tres años y Vicenta de cuarenta y uno, se dieron un abrazo después de tanto tiempo de separación.

El reencuentro fue posible por el programa «Búsqueda de la niñez desaparecida», de la cual forma parte el Grupo de Apoyo Mutuo (GAM) entidad que estuvo a cargo de la investigación, y que contó con el apoyo de la Cruz Roja Internacional.

Esta es la novena familia que el GAM logra reunir,, en los últimos seis años, agregando que en el próximo mes tiene programadas otras tres ceremonias donde reunirán a tres familias que se vieron desplazadas por la guerra interna, según cuenta Mario Polanco, dirigente de dicha entidad.