Recuerdo de una historia de Navidad


La lucha en Bastogne se prolongó hasta el 28 de enero cuando se rompió el cerco y los Ejércitos Aliados pudieron seguir avanzando hasta el Rin. George Murphy ya no pudo ver el final, ni mucho menos llegar a Berlí­n, fue evacuado hacia los Estados Unidos en donde se le sometió durante años a cirugí­as que le hicieron posible vivir y seguir siendo útil. El caso de Pepe Aguilar fue diferente, él si llegó con las fuerzas de Patton a Berlí­n y volvió sin ningún rasguño pero como cosa del destino fue muerto en una escaramuza callejera durante el ataque al Ejército de Liberación acantonado en el Hospital Roosevelt por los Cadetes de la Escuela Politécnica el 2 de Agosto de 1954. Ese dí­a casi nadie sabí­a que aquel hombre que cayó mortalmente herido habí­a sobrevivido a uno de los escenarios más terribles de la II Guerra Mundial, el asedio de Bastogne, un pueblecito de Bélgica que este diciembre luce más pintoresco y amable cubierto de nieve sin el fantasma de la guerra a su alrededor. En Bastogne murieron 8,600 soldados norteamericanos y cerca de 30 mil alemanes.

Doctor Mario Castejón

George Murphy llegó a Bastogne con la 101 división aerotransportada parte del 506 Regimiento movilizada por tierra desde Francia. La 101 era un cuerpo de í‰lite, la contraparte de la División acorazada de la SS y la quinta División Passer al mando del general Von Mainteuffel. El error del Ejército alemán fue creer que Bastogne estaba defendido por fuerzas muy superiores y no arriesgaron un ataque frontal, más bien penetraron las lí­neas enemigas utilizando a los Comandos del Coronel SS Otto Skorzeny con equipo y soldados que hablaban perfectamente el inglés para atacar a los norteamericanos. El interés estratégico de Bastogne era ser un cruce de carreteras que necesitaba controlar el Ejército Alemán para movilizar sus blindados en la ofensiva en contra de los aliados. El dí­a antes de Navidad el 37 Regimiento Acorazado de Patton rompió el cerco, justamente al dí­a siguiente que George Murphy fue gravemente herido.

Dejando por un lado lo sucedido a George Murphy vuelvo a los otros dos personajes de esta historia, Augusto «el Pelón Aguilar» y su hermano Pepe. Antes del verano de 1945, en que Augusto Aguilar fue liberado de Stalag 7 por el Ejército ruso, su hermano Pepe estaba también atravesando Alemania pero nada sabí­an uno del otro. Augusto al ser liberado por aquella avanzada rusa pasó varios meses sin decir presente recorriendo Alemania. Al salir del campo de prisioneros era un esqueleto viviente que pesaba un poco más de cien libras y aprovechó el tiempo para resarcirse de los casi tres años pasados antes de reintegrarse, en medio de aquel desorden nadie se preocupaba por un soldado vestido en forma no convencional.

Como este es un recuerdo de Navidad y debe ser bonito, así­ lo fue en realidad, los dos hermanos ya licenciados al terminar la guerra regresaron a Guatemala y cada quien siguió con su vida formando una familia. Sus esposas los acompañaron en las buenas y las malas y hoy las dos parejas están muertas, pero les sobreviven hijos y nietos que recuerdan a sus abuelos viendo una fotografí­a que yo conocí­ donde estaban ambos en uniforme de combatientes celebrando la primera Navidad en Guatemala después de terminada la Guerra.

A George Murphy lo volvieron a armar en el Hospital Walter Reed agregándole con restos de metal y mucha paciencia los pedazos que habí­a dejado entre la nieve en el Bosque de Bastogne. Todaví­a viajó varias veces de Texas a Guatemala y ya viejo y sin familia se retiró a un refugio en las montañas más allá del Llano Estacado dedicado a la caza al acecho que era su pasión y ahí­ murió por allá de 1990.

Para terminar, el pasado 24 de diciembre estuvimos visitando a Fernanda allá en su arboleda en donde como yo digo el viento pasa todas las tardes de la mano del sol a saludarla, la recordamos entre aquel verde del Parque con sus eucaliptos, encinos y flores de izote y con la música de Perales en aquella balada «Un crucero llamado libertad» cuando dice: «una voz le preguntó cómo estás y al mirarla descubrió… unos ojos azules como el mar».