¡Recuerden El ílamo!


Hace 172 años se mantení­a el asedio de lo que después se conoció como la Batalla de El ílamo. En febrero de 1836, el ejército de México, al mando del general Santa Anna, intentaba sofocar la sublevación de los colonos angloamericanos promovida por el gobierno de Estados Unidos, con la clara intención de anexarse el territorio de Texas. Un puñado de alzados se refugió en una antigua misión española, situada en las afueras de San Antonio de Béjar, que dichos colonos habí­an tomado como parte de su intento violento de independizarse de México.

Marco Vinicio Mejí­a

Después de El ílamo, la temeridad de Santa Anna y la dispersión de sus tropas condujeron a que fuera derrotado en San Jacinto a manos de Sam Houston y hecho prisionero. Estuvo preso siete meses y fue obligado a firmar un «vago tratado» que propició la independencia de Texas. Houston sabí­a que al final Washington arrebatarí­a Texas primero y la mitad del territorio mexicano después. El ílamo y San Jacinto son las encarnaciones sangrientas de la doctrina Monroe (1823), que vislumbraron el curso del imperialismo angloamericano al sur del rí­o Bravo.

El espí­ritu esclavista de los secesionistas texanos Houston, Austin, David Crockett y de su paisano contemporáneo George W. Bush continúa rampante. Los tratados Guadalupe-Hidalgo (1848) y McLane-Ocampo (1859), que México fue obligado a suscribir, tienen su correlato contemporáneo en el Plan Puebla-Panamá y el írea de Libre Comercio de las Américas (ALCA); en un ámbito más lejano, corresponden al diseño de «libertad» y «democracia» para Irak.

Mientras los marcianos sigan al frente del gobierno de Estados Unidos, sólo podemos esperar más guerra y la proliferación del terrorismo. La culpa es de quienes no han aprendido las lecciones de la historia. El ílamo fue un pretexto para justificar el arrebatamiento de Texas y la mitad del territorio mexicano. De manera similar, la voladura del Maine (Recuerden el Maine! gritaron esa vez), dio pábulo para declarar la guerra a España en 1898 y apoderarse de Cuba, Puerto Rico, Guam y Las Filipinas.

¡Recuerden El ílamo! tiene otro significado de este lado, en el traspatio: no olvidar el clamor para no convertirnos en colonias de Estados Unidos.