El tabú perdura hasta hoy día, y pocos universitarios o investigadores chinos se atreverían a comentar públicamente los acontecimientos que se sucedieron entre el 15 de abril, fecha de la muerte de Hu, y el 4 de junio de 1989, cuando las tropas despejaron a balazos la ciudad.
Las autoridades temen las celebraciones y «hubo gente a la que se les advirtió» contra cualquier tentativa de rendir homenaje a Hu, señala Jean-Philippe Beja, investigador del Centro de Estudios Franceses sobre China Contemporánea (CEFC), con sede en Hong Kong.
Hu había sido destituido en enero de 1987 de su cargo de secretario general del Partido Comunista de China (PCCh), precisamente por su actitud tolerante ante una primera oleada de descontento estudiantil a fines del año anterior.
Los estudiantes convirtieron a Hu, fallecido de un infarto, en «símbolo de las reformas políticas que habían quedado paralizadas por su caída», apunta Jean-Pierre Cabestan, de la Hong Kong University.
La primera manifestación, el 17 de abril, reúne a 700 personas. Al día siguiente, son 1.500, que piden la rehabilitación póstuma del dirigente caído en desgracia.
El 21 de abril, víspera de sus exequias, unas veinte universidades están en huelga y cerca de 200.000 personas se congregan en la plaza Tiananmen para exigir la apertura de un diálogo con el poder.
El 25 de abril, el Diario del Pueblo, órgano oficial del PCCh, acusa a los estudiantes de querer derrocar al Partido y echa leña al fuego con críticas a Hu.
Pero el movimiento sigue cobrando fuerza, alentado por la falta de reacción del poder, y suma a obreros y a amplios sectores de la población urbana en gigantescas manifestaciones que enarbolan el retrato de Hu.
En mayo, las protestas desbordan en huelgas de hambre frente a las cámaras de televisión del mundo entero en Tiananmen, centro neurálgico del poder. En junio, la comuna de Pekín termina bajo las orugas de los tanques.
Hu, según Beja, era un «partidario del socialismo con rostro humano; creía en el socialismo, pero estaba abierto a la discusión con quienes no creyeran en él».
Entre sus méritos figuran haber tratado de rehabilitar a las víctimas de la Revolución Cultural (1976-1976, una gigantesca purga lanzada por Mao Zedong) y haber hecho la autocrítica de la política china en el Tíbet, una zona para la cual proponía un estatuto de autonomía.
Dos décadas después de su muerte, la rehabilitación de Hu no figura en la agenda del PCCh.
«Hu está en una especie de limbo o de purgatorio político. No es del todo tabú hablar de él, pero sigue teniendo un estatuto ambiguo. Está prohibido hacerle publicidad», explica Cabestan.
Esa situación «no carece de ironía, cuando se sabe que (el actual presidente chino) Hu Jintao fue promovido jefe de la Liga de la Juventud Comunista por Hu Yaobang», agrega.
En enero, se publicó una biografía de Hu, que se detiene prudentemente en 1982… Su autor, Han Honghong, del Buró de Investigaciones sobre Documentos Históricos del PCCh, indicó a la AFP, a través de su editor, que «no considera conveniente dar una entrevista».