Recordando a nuestros muertos


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A menos de sesenta y cinco días para que finalice el año, y con pautas que nos recuerdan que ya estamos en la recta final del año, se viene una serie de días importantes en cuanto a celebraciones y conmemoraciones.

Alejandro Balán
fotografialejandro@gmail.com


Aunque el Día de Brujas es un día que actualmente se celebra en Guatemala por alineación a los norteamericanos, ya es un día que se adoptó y se empieza a incluir como una tradición nuestra, algunos buscando su mejor disfraz, otros buscando hacer bromas pesadas para asustar a alguien; unos más asistiendo a concursos en discotecas esperando pasarla bien, y resultar con el mejor traje de la noche.

Por mucho, y dejando de lado esa alineación gringa, contra la cual no tengo nada negativo, creo que un día de verdadera tradición y conmemoración es el Día de Todos los Santos, o bien el Día de los Muertos. Es un día donde las familias se unen para compartir y recordar a quienes ya no habitan entre nosotros pero que sin duda jamás dejarán de ser parte importante de nuestras vidas, aquellos seres que aunque físicamente ya no estén a nuestro lado, siempre vivirán en nuestros corazones.

Se viene ese día especial en donde la cocina se adorna con fiambre, jocotes en conserva, y al margen de la mesa toda una familia compartiendo sus alimentos, muchos otros no dudan en hacer presencia en los cementerios para ir a comer frente a los espacios del jardín donde descansan los restos de algún o algunos familiares y amigos queridos.

Mientras los más grandes de cada familia adornan tumbas y comparten un momento alrededor de una lápida, los más chicos aprovechan los espacios para correr, jugar y vivir la emoción de volar un barrilete.

Aunque todo esto que describo sea muy común y tradicional, el verdadero sentido de volar un barrilete no está en aprovechar el viento para jugar un momento; según nuestros abuelos, el vuelo del barrilete se utiliza para ahuyentar malos espíritus.

Todo esto son tradiciones muy arraigadas en los guatemaltecos, pero es importante tomar en cuenta que aunque es una celebración y conmemoración que domina en los católicos, no debemos permitir que una tradición se arraigue más que la propia fe en que el descanso eterno de nuestros ausentes solamente lo puede dar el Creador supremo

De forma particular tengo ya algunos ausentes en mi familia a quienes recuerdo con mucho cariño, esos seres que aún siguen ocupando un espacio importante dentro de mí y a quienes les agradezco grandemente por haber influido de alguna forma que hoy sea quien yo soy. Recordemos con aprecio, cariño y revivamos con buenos recuerdos a aquellas personas que un día estuvieron y nos marcaron eternamente.