Reconocimiento filial


Tus manos que ayer eran suaves y blancas como pétalos de fragante azucena, hoy son ásperas y en ellas pueden verse las señales de los muchos dí­as trabajados porque yo creciera feliz…

César Guzmán
cesarguzman@yahoo.com

Tu piel que ayer era de terciopelo puro, hoy muestra las huellas de las interminables preocupaciones que mi conducta te causó…

Tus ojos que ayer eran dos estrellas que rivalizaban con el sol, hoy han apagado su brillo de tanto llorar por mí­…

Tu cuerpo que ayer abundaba en firmeza y hermosura hoy refleja los sacrificios y esfuerzos que, debido a mí­, tuviste que realizar?

Sin embargo, madre adorada, tu corazón ha resistido el invencible empuje del tiempo, pues, es como una flor bendita por Dios y alimentada por el amor que ni aún la eternidad logrará marchitar.