Reinventarse, repensarse y reiniciar. Olvidar lo que por años martilló mis pensamientos. Ordenarle al subconsciente que las pesadillas cesen. Que ese rostro se esfume, que ese sonido se silencie. Ver llegar la noche sin miedo. Disfrutar el aroma de las flores sin recordar que mañana podrán estar marchitas. Creer por creer sin temor al desengaño. No tenerle miedo al sol que oscurece mi frente, ni a la lluvia que semeja el llanto.
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Dejar el maquillaje de sonrisas, de alegrías inexistentes y entusiasmo inusitado. Llevar el rostro limpio para que pueda dibujar el destino con colores menos enlutados.
Recomenzar sin ecos de lamentos, sin temor al mañana. Vivir cada día sin resentimientos, sin elucubraciones de posibles atentados.
Permitir que el olvido trabaje en mí y en los demás igual si es necesario. Aceptar los cambios, dejar que sucedan sin resistir, sin protestar, sin aporrearme el pecho y recordarle al cielo que no he hecho nada malo, que no me lo merezco y amenazar con abandonar mi fe.
Dejar que los minutos transcurran en silencio, que los libros vivan para mí por horas, que las hojas bailen rozando la ventana, que el calor me abrace, que el frío me obligue a buscar calor.
Olvidar, perdonar acaso, escribir mejor.
P.D. Todo mi respeto y solidaridad con la columnista Carolina Vásquez Araya, Max Araujo, Mónica Hernández y Brenda Monzón, por las presiones y la absurda demanda interpuesta contra ellos para retirar el primer lugar del cuento ganador del certamen Construyamos juntos una cultura de paz y amor, que obtuvo Karla Olascoaga Dávila.
Mi repudio total a Sergio Morales, quien está por dejar el cargo de Procurador de Derechos Humanos, el cual a mi criterio nunca honró. ¡Que viva la libertad de expresión, la literatura y que los abusos, la impunidad y la prepotencia se terminen! Ojalá el nuevo procurador tome nota de esto.