Hungría recibirá un voluminoso paquete de unos 25 mil millones de dólares del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Unión Europea (UE) para rescatar a una economía vapuleada por la crisis financiera.
De ese monto, el FMI aportará 15.600 millones de dólares, la Unión Europea, 8.100 millones, y el Banco Mundial, 1.200 millones.
Previamente, el Banco Central Europeo (BCE) prometió a Hungría unos 5.000 millones de euros (6.240 millones de dólares) para paliar los problemas de liquidez de los bancos, el primer préstamo que concede la institución a un país no miembro de la zona euro.
Estas inyecciones financieras intervienen después de dos duros golpes para la confianza económica: el hundimiento de la divisa húngara, que en octubre se depreció un 20% de su valor frente al euro (hasta 285 florines por un euro), y de la Bolsa de Budapest, cuyo índice BUX perdió más de la mitad de su valor.
El anuncio el martes del paquete compartido por el FMI, el BM y la UE tuvo el miércoles un efecto bálsamo, puesto que la moneda se recuperó, con un euro a 255,61 florines, y la Bolsa subió más del 11%.
El primer ministro socialista, Ferenc Gyurcsany, a la cabeza de un gobierno minoritario, subrayó su voluntad de «descartar el riesgo de bancarrota del Estado», aunque la crisis financiera internacional evolucione «de la peor forma posible».
Este objetivo deberá pasar por la ayuda internacional pero también por un plan de austeridad presupuestaria, cuyas medidas serán supuestamente precisadas el miércoles en la noche durante una intervención televisada del primer ministro.
Gyurcsany ya advirtió el martes de una probable recesión económica, que podría traducirse en un retroceso del 1% del crecimiento en 2009, y sugirió una primera serie de iniciativas.
Entre éstas, estaría la congelación en 2009 de los salarios de los funcionarios públicos, así como la suspensión de las primas anuales de los dirigentes de las empresas públicas.
El gobierno también contempla una reforma fiscal y de los sistemas de pensiones.
Para el analista del banco K&H, Gyí¶rgy Barcza, «además de una demostración de solidaridad en el seno de la Unión Europea, los préstamos para Hungría demuestran que las instituciones financieras no dejarán, bajo ningún concepto, que se produzca un efecto dominó» de la crisis en la región.
El «80% de los bancos húngaros son filiales de bancos alemanes y austríacos y no pueden permitirse que la crisis se propague a las casas-madre», añade.
Para Barcza, el préstamo del FMI y del BCE es suficiente para financiar el vencimiento a corto plazo de la deuda exterior del país (40.000 millones de dólares), mientras que la deuda pública total es de más del 60% del Producto Interior Bruto (PIB).