Rechazo o fobia escolar


La fobia escolar consiste en un trastorno de ansiedad caracterizado por el miedo o temor a ir a la escuela.  Es más habitual en dos etapas del desarrollo: al entrar a la educación primaria, hacia los 6 o 7 años de edad y en la adolescencia temprana entre los 10 y 14 años.

Dra. Ana Cristina Morales Modenesi
crismodenesi@gmail.com

Dentro del desarrollo de este tipo de ansiedad es importante considerar situaciones traumáticas en los y las niños/as así­ como en adolescentes. Eventos familiares que les causen  inestabilidad a éstos y por lo tanto se observen así­ mismos como guardianes y responsables de su hogar, dificultades de interrelación con pares y/o con personal del establecimiento educativo,  presiones grupales y manifestaciones de acoso escolar.

Dentro de las caracterí­sticas de este trastorno se encuentra la dificultad grave para ir al establecimiento educativo, lo que provoca ausencias; explosiones de mal humor, de miedo, de tristeza, sí­ntomas de malestar fí­sico no explicables por alguna alteración corporal.  Todas estas desplegadas cuando un niño/a o adolescente se encuentran afrontando la situación de ir a clases; el que estos jóvenes permanezcan en casa con el conocimiento de los padres cuando éstos deberí­an y podrí­an estar en la escuela; y la  ausencia de caracterí­sticas antisociales.

Algunos autores han considerado la fobia escolar como una manifestación del trastorno de ansiedad por separación, pero, además, es frecuente encontrarla en niños y jóvenes que padecen de otros trastornos de ansiedad y/o depresión. Este trastorno no es visto de manera especí­fica dentro de los métodos de clasificación diagnóstica psiquiátrica usualmente utilizados en nuestro medio (CIE-10 Y DSM IV).

El tratamiento ha de abordar la comprensión de esta forma de ansiedad y en su abordaje de elección se puede incluir el uso de psicofármacos y la utilización de psicoterapia.

Es de importancia que seamos pacientes con los niños/as y jóvenes que cursan con este tipo de fobia.  Nuestros deseos de que las cosas no resulten  con nuestros hijos/as como las hemos planificado o pensado, en la mayorí­a de ocasiones,  solamente conduce a sentimientos de frustración y enojo de nosotros mismos/as dirigido hacia ellos/ellas. Por lo que es prudente que dentro de nuestro rol de adultos aprendamos a manejar esta clase de sentimientos evitando así­ la aparición de conductas inapropiadas de nuestra parte hacia nuestros hijos.