Rechazan renuncia de Leterme


Tal como se esperaba, el rey de los belgas Alberto II rechazó la renuncia del primer ministro Yves Leterme, quien sigue en el poder acompañado por un grupo de «sabios» encargados de preparar la reforma del Estado exigida por los flamencos para convivir con los francófonos.


El palacio real anunció anoche que Alberto II no aceptaba la dimisión presentada el lunes por el demócrata-cristiano flamenco Leterme, prorrogando de este modo al gobierno de coalición formado en marzo pasado.

Según los analistas y medios belgas, la decisión del monarca responde a la falta de alternativas en medio de la crisis de más de un año que atraviesa el paí­s desde las elecciones legislativas de junio de 2007, ganadas precisamente por el partido de Leterme.

Tras un récord de seis meses sin poder formar gobierno, y un gabinete de emergencia del saliente primer ministro Guy Verhofstadt, Leterme asumió el poder con la misión de lograr un compromiso entre los flamencos (60% de los 10,5 millones de belgas) y los francófonos sobre una reforma del Estado con una autonomí­a reforzada para Flandes (norte).

Sin embargo, no se llegó a ningún acuerdo en la fecha lí­mite del 15 de julio y por ello este cuestionado polí­tico con escasa experiencia gubernamental decidió ofrecer su renuncia.

Ahora, Leterme vuelve con una misión simplificada, centrada en las cuestiones socio-económicas, ya que fueron nombrados tres mediadores encargados de preparar la reforma del Estado exigida por los flamencos y cuyo principio aceptan los francófonos.

Estos tres «sabios» son dos personalidades francófonas muy experimentadas (Franí§ois-Xavier de Donnea, de 67 años, y Raymond Langendries, de 64) y el ministro-presidente de la pequeña comunidad de lengua alemana, Karl-Heinz Lambertz, de 56 años.

Los «tres sabios», nombrados justo antes de la fiesta nacional del 21 de julio, deben «examinar de qué manera pueden ofrecerse garantí­as para iniciar de una manera creí­ble el diálogo institucional».

La decisión de no incluir a ningún flamenco parece responder a la exigencia de Flandes de que son los francófonos los que deben encontrar una solición para evitar la secesión, indicó el politólogo Pierre Vercauteren.

De todos modos, Leterme seguirá de cerca los trabajos de los «sabios», que deberán presentar un primer informe el próximo 31 de julio, esto es dentro de dos semanas.

Este apuro busca por un lado satisfacer la impaciencia de los flamencos, aunque también permitirí­a a la clase polí­tica belga, en estado de emergencia desde junio de 2007, tomarse unas semanas de vacaciones en agosto, antes de ocuparse de negociar una complicada reforma.

Numerosos analistas coinciden en pronosticar que la solución para Bélgica, cuyas instituciones federales datan de 1993, pasa por una confederación.