La UE convence a Alemania pero rebaja sus ambiciones sobre paquete económico.
La Unión Europea (UE) aprobó el viernes en su cumbre de Bruselas un paquete de reactivación económica para evitar una «espiral recesiva», pero tuvo que rebajar sensiblemente sus ambiciones para arrancar el visto bueno de la canciller alemana, Angela Merkel.
«Todo el mundo se mostró de acuerdo sobre la gravedad de la crisis. Todo el mundo está de acuerdo en la necesidad de una reactivación de alrededor del 1,5% del PIB (Producto Interior Bruto)», indicó el jefe de Estado francés, Nicolas Sarkozy, presidente en ejercicio de la UE, al final de la cumbre.
El plan, propuesto por la Comisión Europea, supondrá un esfuerzo presupuestario equivalente a unos 200.000 millones de euros (260.000 millones de dólares).
La UE «actuará de forma unida, fuerte, rápida y decisiva» para evitar «una espiral recesiva y apoyar la actividad económica y el empleo», prometieron en sus conclusiones los líderes del bloque al término de una cumbre de dos días.
Una versión inicial de la declaración final fijaba los fondos destinados a relanzar la economía europea en «al menos un 1,5% del PIB».
La nueva fórmula, algo menos ambiciosa, refleja el compromiso alcanzado entre Alemania, que se había mostrado reticente al paquete económico, y Francia y Gran Bretaña, sus principales defensores.
En nombre de la austeridad presupuestaria y con el fin de evitar pagar por los demás, como le ha ocurrido tantas veces a la primera economía de la UE, la canciller alemana Angela Merkel se había resistido a respaldar el plan formulado por la Comisión Europea el 26 de noviembre.
Las presiones ejercidas en particular por París y Londres y las maratonianas negociaciones del jueves en Bruselas hicieron cambiar finalmente a Merkel de opinión.
«Es evidente que los Estados miembros están dispuestos a destinar el 1,5% del PIB para medidas suplementarias. Hay una postura común en Europa frente a esta crisis profunda», declaró el viernes la canciller.
No obstante, la mandataria dejó en claro que «los Estados miembros cuentan con instrumentos diferentes» para responder a la crisis.
En este sentido, la Unión Europea dio una amplia libertad a sus Estados miembros para que adopten las iniciativas que más les convengan.
El plan «constituirá un marco coherente para la acción a nivel de la Unión y para las medidas decididas por cada Estado miembro teniendo en cuenta la situación de cada uno», según las conclusiones de la cumbre.
Las herramientas contempladas prevén principalmente que el Banco Europeo de Inversiones eleve a 30.000 millones de euros (39.000 millones de dólares) sus intervenciones en el periodo 2009-2010, en beneficio especialmente de las pequeñas y medianas empresas, las energías renovables y el transporte «verde».
Estos 30.000 millones de euros forman parte de los 200.000 millones que se emplearán para sacar a la UE de la recesión. El resto será sufragado por los países miembros.
Igualmente, los mandatarios proponen promover «una fiscalidad estimulante para los productos y servicios ecológicos», en sintonía con el paquete contra el cambio climático aprobado paralelamente en la cumbre.
En cuanto al empleo, la UE pidió al Fondo Social Europeo acciones suplementarias para apoyar a «las poblaciones más vulnerables», mientras que previeron la movilización de otros fondos comunitarios para invertir en infraestructuras y en materia energética.
En la recta final de las negociaciones, Alemania forzó la retirada de otro instrumento, preciado por Nicolas Sarkozy, que contemplaba la reducción del IVA para los Estados que lo desearan.
Los 27 decidieron finalmente reexaminar esta propuesta durante el consejo de ministros de Finanzas de la UE de marzo, bajo la presidencia rotativa de República Checa, que tomará el relevo de Francia el 1 de enero.