No hay duda que dure. . . Por estos días de reestreno gubernamental, el famoso y socorrido beneficio de la duda se ha brindado a manos rebalsadas por parte de reelectores diversos. Supongo que el traído y llevado beneficio de la duda debe tener sus grados y límites más o meno claros y definidos. No hay duda política que dure cuatro años ni baboso que la desperdicie. La duda, metódica o no, es un instrumento hipersensible, una relación constante de ida y vuelta, en el mejor de los casos. Pero esta clase de duda, como regalo al «nuevo» equipo de gobierno, es parte del optimismo inicial un tanto ingenuo y desmemoriado propio de la generalidad. Dudar es un ejercicio sano y necesario, peculiar de espíritus con alguna provisión de cautela ante el errar es de humanos y la imperfección inherente al sistema, o sea las características de una sociedad mediocre y sonámbula. Empero, algunos escaldados/escarmentados no podemos darnos el dudoso lujo de dudar; nuestro acendrado pesimismo de hoy alguna vez se alimentó de razonables dudas que siempre derivaron en la certidumbre o certeza brutal.
Fiscalización abstencionista. Todo el personal técnico del Departamento de Asuntos Políticos y Administrativos de Abstencionistas Anónimos, adscrito al Mirador Abstencionista, se apresta a ejercer una minuciosa labor de observación, análisis, crítica constructiva y fiscalización del recién estrenado gobierno diz que socialdemócrata. Con base en los informes semanales respectivos -y con el ideario socialdemótrata en mano a manera de guía-, nuestro equipo de expertos elaborará, a su vez, un sesudo documento técnico con propósitos específicos para la posibilidad -no en necesariamente probable- de que nuestra determinación y posición como abstencionistas orgánicos, llegue a variar a lo largo de los próximos cuatro años, se modifique, sufra ciertos cambios ideológicos y doctrinarios, asumamos un nuevo protagonismo, se reformen nuestras estrategias, en fin. O sea que la existencia y el destino de Abstencionistas Anónimos dependerá, con mucho, de la realización política y administrativa del flamante gobierno, como viene sucediendo cada cuatrienio.
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La siempre escamoteada Contaduría General de Costillas. Gobiernos van, gobiernos vienen, y la instituiconalización definitiva de una Contaduría General de Costillas, propuesta durante muchos años por este ciudadano (yo) nunca se hace una necesaria, urgente y bella realidad real. El Contador General de Costillas, como su nombre lo indica, tendría la función de computar o enumerar las costilals a los dignatarios de la Nación y funcionarios públicos, sobre todo cuando van de salida; comprobar, mediante un sencillo examen aritmético, si dichos huesos de la caja toráxica están cabales, si no llevan dos o tres de más, o sea conforme a la cantidad o número anatómico/esquelético de los estándares internacionales. Nada del otro mundo. Un ministro de Estado, por ejemplo, que se vaya a su casa con un costillar sospechoso, sin el debido coteo de sus unidades, puede significar un severo revés para el presupuesto de dicha cartera.
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Volutas
¿Qué mal -? incurable?- es este que padezco? No terminan de tomar posesión los «nuevos» funcionarios y diputados y sus nombres y retratos ya me son detestables e insufribles a lo largo de cuatro años.
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Algunos no llegamos ni a mota de polvo en el tablero del ajedres político.
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El Gabinete de ministros no pasa por las urnas, claro, pues entonces ¿quién votaría?
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Quien intente enseñarme a pescar en lugar de darme un pescado, en el ínterin, lo que pretende es matarme de hambre.